El islam amable
Carlos Javier Sáiz.- Las siguientes líneas son sólo eso, reflexiones basadas en datos históricos que no se me ocurrirán cambiar, pero que pretenden poner de manifiesto realidades que normalmente no se ven si no se cambia el prisma de visión. Todo ello aparece a la vista del buenismo surgido en todos los ambientes, también en los eclesiásticos, como consecuencia del asesinato de un sacristán de Algeciras a manos de una amable y caritativo seguidor del islam.
Sabedor éste de que el mayor bien de los humanos ir a la Casa del Padre, el caritativo islamista no dudó en que era una buena acción el hacer que el sacristán, cuanto antes mejor, disfrutara de la Casa del Padre.
La primera realidad de este análisis es que el Cristianismo fue predicado inicialmente por un carpintero (rogaría que no me mal interpretaran, pues para mí es el Hijo del Padre, pero no deseo basar mis reflexiones el dogmas de fe religiosa propia) y, como tal, su doctrina puede verse en los Evangelios y su muerte fue a resultas y coherencia con la misma (he dicho Evangelios, no Antiguo Testamento); en cambio el islamismo fue fundado por un señor de la guerra y toda su vida, relacionada con el islam, lo estará a su vez con la guerra.
Cien años después de la muerte del Maestro, el Cristianismo estaba en las catacumbas y sus seguidores eran perseguidos por el Estado romano, pues éste entendía que eran ateos e incívicos que atacaban sus fundamentos.
Teniendo en cuenta que la Hégira comenzó el 16 de julio del 622 A.D. podemos verificar que cien años después, 722 A.D., el Islam había dominado la península ibérica (salvo una pequeña aldea gala) y para llegar a ella se había apoderado previamente, a fuego y espada, de lo que hoy es toda Arabia, Palestina bíblica, Egipto, Libia, Túnez, Argelia y buena parte de Marruecos. Esto nos dirá algo del Cristianismo y del islamismo. En ese ínterin, más al este, se estaban dando entre ellos unos buenos matariles, pues en el 680 tiene lugar la batalla de Kerbala y sus no menos sangrientos prolegómenos, entre el Omeya, Yazid I y el nieto de Mahoma Hussain ibn Alí, y en la que éste es derrotado y muerto en batalla (su cuerpo será decapitado y exhibido en una pica) y dará lugar a la división del Islam que ha llegado hasta nuestros días. Los Omeyas sunnitas y los chiítas seguidores de Hussain.
Ciertamente no en este ínterin, pero próximo en la historia, se da otro matarile por las mismas tierras, y en el 750 A.D. Abul Abbas Safah “El Sanguinario” derrota y mata a todos los Omeyas, o eso cree, y se apodera de Damasco, nombrándose Califa. No hace falta que explique de qué madera estaba hecho el cristianismo si no fijamos cómo las pasaba en el año 130 A.D. y de qué forja estaba hecho el Islam en la fecha recientemente citada. Para completar la pacífica expansión del Islam en esos 130 años la completaré con la batalla de Poitiers en el 732 A.D. en la que Carlos Martel les puso mirando a la Meca.
La venida a la península de Abderramán, Omeya no muerto, permitió que éste instaurase el emirato de Córdoba en el cuál, los cristianos (mozárabes) tenían que pagar un impuesto de capitación para seguir siendo cristianos en aplicación de lo que se dice en la sura 9:29 (Combatid a quienes no creen en Alá ni en el Día del Juicio, no respetan lo que Alá y su Mensajero han vedado y no siguen la verdadera religión de entre las Gentes del Libro, a menos que éstos acepten pagar un impuesto como sumisión) y cuyas campanas debían ser de madera. La persecución de éstos durante el emirato supuso que, de ser la mayoría de los habitantes de Al Andalus, quedasen en minoría, entre la conversión casi forzosa (muladíes) y el éxodo que se produjo a los Reinos del Norte. Se calcula que la población hispanorromana de Al-Andalus era del 75 % a la llegada del emirato, y el estado de postración a la que estaba sometida esta población dio lugar a una desesperada demostración de fe hacia el año 857: a sabiendas de que cualquier demostración externa de cristianismo estaba penada con la muerte, un número crecientes de clérigos y cristianos decidió caminar hacia el martirio. En el islam, tolerancia no significa seguir siendo quien eres, sino más bien que te dejan existir.
El Islam prevé la “fitna”, especie de cruzada interna, limpiadora del mismo, cuando considera que una sociedad se ha relajado demasiado. En este contexto la península sufrió la proyección del imperio almorávide, versión radical del sunnismo (siglo XI), que, evidentemente, primero tuvo que embridar a las taifas del sur demasiado relajadas, puesto que compadreaban con los reinos cristianos (por tanto no hacían la guerra santa), bebían vino y cantaban al vino y a las mujeres. Luego se metieron con Alfonso VI. Cuando los almorávides se relajaron apareció en el mismo lugar otra versión radical del sunnismo, los almohades, que se dedicaron con entusiasmo a lo mismo que sus predecesores en las Españas de finales del siglo XII y principios del XIII. Luego se meterían con Alfonso VIII.
Como éstos son los antecedentes, y cada cual que saque conclusiones, me fijaré, someramente, en la realidad actual de nuestros días. No pondré la mirada ni en Arabia ni en Los Emiratos, para que nadie me diga que la comparación no vale. En Túnez, el país de religión islámica más moderno y occidentalizado de nuestro entorno, aún tiene, en su código penal, el delito de apostasía. Algo parecido le sucede a Marruecos –a cuyo Rey un tal Campechano llamaba: primo, y no en el sentido peyorativo-, en el que, además, se castiga el delito de proselitismo, y para eso sólo basta que hagas en público actos de culto distintos a los del islam.
En este contexto recordaré las palabras del Papa Benedicto XVI en su discurso de Ratisbona: “ Recordé todo esto recientemente cuando leí la parte editada por el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez en los cuarteles de invierno del año 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y sobre la verdad de ambos…El diálogo se extiende a todo el ámbito de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán, y se detiene sobre todo en la imagen de Dios y del hombre… En el séptimo coloquio…el emperador toca el tema de la yihad, la guerra santa. Seguramente el emperador sabía que en la sura 2,256 está escrito: NINGUNA CONSTRICCIÓN EN LAS COSAS DE FE. Según dicen los expertos es una de las suras del período inicial, en la que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa; … se dirige a su interlocutor con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia en general. Diciendo: MUÉSTRAME TAMBIÉN LO QUE MAHOMA HA TRAÍDO DE NUEVO, Y ENCONTRARÁS SOLAMENTE COSAS MALAS E INHUMANAS, COMO SU DIRECTRIZ DE DIFUNDIR POR MEDIO DE LA ESPADA LA FE QUE PREDICABA”. Esto es lo que hemos visto más arriba. Los errores bélicos cometidos por los cristianos (los ha habido) no estaban en el Evangelio (por eso son errores cristianos), los presuntos errores bélicos cometidos por los musulmanes no son tales errores pues estaban exigidos en el Corán y por eso son cumplimiento del Corán.
Sigue siendo interesante el citado discurso cuando dice: “En esta argumentación contra la conversión mediante la violencia, la afirmación es decisiva: NO ACTUAR SEGÚN LA RAZÓN ES CONTRARIA A LA NATURALEZA DE DIOS. … para el emperador, como bizantino educado en la filosofía griega, esta afirmación es evidente. En cambio, para la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está vinculada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la racionalidad. … Ibn Hazm llega a decir que Dios no estaría vinculado ni siquiera por su propia palabra, y que nada le obligaría a revelarnos la verdad. Si fuese su voluntad, el hombre debería practicar incluso la idolatría”, y continúa diciendo el Santo Padre (después de criticar la filosofía voluntarista de Duns Escoto que “aquí se perfilan posiciones que, sin lugar a dudas, pueden acercarse a las de Ibn Hazm y podrían llevar incluso a la imagen de un Dios arbitrario, que no está vinculado ni siquiera a la verdad ni al bien. La trascendencia y la diversidad de Dios se acentúan de una manera tan exagerada, que incluso nuestra razón, nuestro sentido de la verdad y del bien dejan de ser un auténtico espejo de Dios, cuyas posibilidades abismales permanecen para nosotros eternamente inalcanzables y escondidas tras sus decisiones efectivas”.
Después de todo esto, ¿estamos seguros de que “el pluralismo y la diversidad de RELIGIÓN, color, sexo, raza y lengua son expresión de una SABIA VOLUNTAD DIVINA, con la que Dios creó a los seres humanos”, tal como defiende alguien? Siempre me enseñaron que la diversidad de religiones es consecuencia del pecado original, por lo que el DIABLO, tal como nos enseña el Génesis y tal como es el sentido etimológico de esta palabra (el que separa, el que enreda), es quien anda por medio, y no la “sabia voluntad divina”. Si la diversidad de religiones es expresión de la “sabia voluntad divina”, ¿por qué el Maestro ordena a sus discípulos: “id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y se bautizare se salvará y el que no creyere se condenará (S. Marcos)? O ¿Por qué en San Mateo ordena diciendo: “id y haced discípulos a todas las naciones bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, contradiciendo, en ambos los resultados de la “sabia voluntad divina”?
Para concluir, sólo citaré algunas suras del Corán, y que cada cual saque conclusiones.
Puede leerse en la sura 5:51:“¡Oh creyentes! No tengáis a los judíos ni a los cristianos por aliados. Ellos son aliados unos de otros. Y quien de vosotros se alíe con ellos será uno de ellos. Alá no guía a los inicuos”.
Puede leerse en la sura 9:5:“Cuando hayan pasado los meses sagrados matad a los idólatras donde quiera les halléis, capturadles, cercadles y tendedles emboscadas en todo lugar, pero si se arrepienten -y aceptan el islam-, cumplen con la oración prescrita y pagan el Zakât dejadles en paz”.
Puede leerse en la sura 9:123 :“¡Oh creyentes! Combatid a todos aquellos incrédulos que habitan alrededor de vosotros, y que comprueben vuestra severidad. Y sabed que Alá está con los piadosos”.
Puede leerse en la sura 9:41:“Salid a combatir sea cual fuere vuestra condición. Contribuid a la causa de Alá con vuestros bienes, y luchad”.
Puede leerse en la sura 47:4:“Cuando os enfrentéis a los incrédulos, matadles hasta que los sometáis, y entonces apresadles. Luego si queréis, liberadles o pedid un rescate”.
Puede leerse en la sura 8:12 :“Inspirad valor a los creyentes –dice Alá a los ángeles-, que ciertamente Yo infundiré terror a los corazones de los incrédulos. Golpeadles sus cuellos con vuestras espadas y cortadles los dedos”.
Puede leerse en la sura 4:56:“A quienes no crean en nuestros signos les arrojaremos al fuego. Cuando se les queme la piel se la cambiaremos por una nueva para que sigan sufriendo el castigo. Alá es Poderos y Sabio”.
¿Alguno hay leído en los Evangelios algo parecido a estas suras? Insisto, Evangelios. Sin comentario.












