Florentino no aprende: el Madrid vuelve a equivocarse y se encamina hacia otro año en blanco
Bertín Castañón.- Hay errores que pueden cometerse una vez. Incluso dos. Pero cuando se repiten temporada tras temporada dejan de ser errores para convertirse en una forma de gestionar el club. Y eso es exactamente lo que empieza a transmitir el Real Madrid de Florentino Pérez.
Mucho ruido, muchos nombres, mucha camiseta vendida y demasiadas fotografías de presentación, pero cuando llega la hora de la verdad aparece el mismo problema de siempre: una plantilla desequilibrada, un centro del campo cogido con alfileres y un equipo incapaz de ofrecer un fútbol que esté a la altura de su escudo.
El Madrid vuelve a acumular futbolistas por delante. Overbooking, nombres, alternativas, promesas y estrellas. Pero en la zona donde se ganan los partidos desde el control del juego, las dudas siguen ahí. Sobran piezas donde no hacen tanta falta y faltan soluciones donde el equipo realmente las necesita.
¿De verdad nadie lo ve?
Lo peor no es siquiera la plantilla. Lo peor es que el Madrid sigue jugando prácticamente al mismo fútbol soporífero que el año pasado. No hay una revolución futbolística ni una identidad renovada. Tampoco hay señales de que se haya aprendido de los problemas anteriores. Lo que hay, simplemente, es una continuidad preocupante de los mismos defectos.
El equipo sigue dependiendo demasiado de la inspiración individual, de que alguna estrella saque un conejo de la chistera y de que aparezca una noche mágica para tapar durante noventa minutos todas las carencias colectivas. Sin embargo, eso no es un proyecto deportivo.
Diomande, ¿otro ‘caso Mastantuono’?
Y mientras tanto, el banquillo tampoco transmite precisamente la sensación de estar ante el comienzo de una nueva era. El entrenador parece llegar ya amortizado, con la obligación de conseguir resultados inmediatos y sin demasiado margen para justificar que el equipo siga haciendo exactamente lo mismo. Es aquí donde conviene tener cuidado. Nadie debería condenar a un futbolista antes de tiempo. Pero el contexto recuerda peligrosamente a otros movimientos recientes: un fichaje convertido en acontecimiento antes de que haya demostrado ser una solución sobre el césped.
El fantasma del caso Mastantuono todavía está demasiado cerca como para ignorarlo.
Florentino sigue sin comprender que el problema del Madrid no es fichar jugadores buenos. El problema es fichar sin resolver los problemas estructurales del equipo. Puedes tener veinte futbolistas extraordinarios y seguir teniendo un equipo mal construido. Y eso es precisamente lo que empieza a parecer este Madrid: una colección de nombres antes que un equipo de fútbol.
Florentino debería preguntarse por qué se repite la historia. Por qué cada verano se habla de reconstrucción y cada temporada aparecen los mismos agujeros. Por qué se acumula talento ofensivo mientras el equilibrio colectivo continúa siendo una asignatura pendiente. Por qué el Madrid parece incapaz de construir una plantilla pensando primero en cómo quiere jugar y después en qué nombres quedan bien en la fotografía.
El madridismo puede perdonar una derrota. Puede aceptar una temporada sin títulos. Lo que cada vez tolera menos es la sensación de que nadie aprende de los errores. Y mucho nos tememos que, si no cambia radicalmente el rumbo, este puede acabar siendo otro año en blanco. Entonces ya no habrá excusas.
Y ahí debería estar atento el candidato presidencial Enrique Riquelme.
Si el fracaso deportivo vuelve a instalarse en el Bernabéu, el debate dejará de ser exclusivamente futbolístico. Las protestas contra Florentino pueden adquirir una dimensión que hasta ahora parecía impensable, especialmente si el madridismo interpreta que el club ha vuelto a caer exactamente en los mismos errores que ya provocaron problemas en temporadas anteriores.
Florentino ha hecho historia en el Real Madrid. Es precisamente por eso debería saber que la historia no concede inmunidad eterna. El crédito se acaba cuando se deja de aprender.
Y el Madrid lleva demasiado tiempo dando la impresión de que, verano tras verano, vuelve a descubrir los mismos problemas: muchos nombres, mucho marketing, mucho delantero, poco equilibrio, poco centro del campo y un fútbol que vuelve a aburrir.
Así no se construye un campeón. Así se prepara otro fracaso.











