Morante de la Puebla, una inmensa máquina de generar riqueza
Diego Sánchez de la Cruz (Libremercado) Es habitual que, tras un gran evento deportivo o cultural, los medios de comunicación publiquen estimaciones dedicadas a medir la contribución de tales acontecimientos al turismo, la hostelería, el comercio o el transporte. La tauromaquia, pese a su extraordinaria capacidad de convocatoria, apenas había sido objeto de este tipo de análisis.
Sin embargo, un estudio dedicado a la temporada 2025 de Morante de la Puebla permite ahora poner cifras a un fenómeno, si bien se puede intuir, no se había cuantificado con el suficiente nivel de detalle. Dicho trabajo, elaborado por quien firma estas líneas junto con Javier Romero Jordano con motivo de la publicación del libro Morante, del calvario a la gloria, concluye que las 51 actuaciones protagonizadas por el diestro sevillano en España, Francia y Portugal movilizaron a un total de 524.850 espectadores.
Los paseíllos del cigarrero alcanzaron una ocupación media del 97,4% y generaron un impacto económico agregado de 204 millones de euros. Esta investigación fue presentada recientemente en la sede de la CEOE y se apoya en la metodología input-output desarrollada por el Instituto Nacional de Estadística para medir cómo el gasto inicial realizado por los consumidores termina extendiéndose al resto de sectores productivos.
La dimensión de estas cifras resulta más fácil de comprender cuando se comparan con otros acontecimientos de masas. Por ejemplo, la residencia de conciertos que Bad Bunny ha ofrecido en Madrid tuvo un impacto económico estimado cercano a los 200 millones. En la misma línea, se calcula que el Papa León XIV dejó en Madrid más de 104 millones a raíz del incremento de la producción que se derivó de la visita del Pontífice a la capital española.
Pues bien, la temporada completa de Morante se «codea» con este tipo de acontecimientos, pero con el aliciente de que sus actuaciones no se limitan a una única ciudad ni unas fechas concretas, sino que se reparten a lo largo de la temporada y de la geografía de nuestro país.
La primera consecuencia económica de ese fenómeno se aprecia en las taquillas. El estudio estima que la venta de entradas asociada a las actuaciones del torero sevillano generó una facturación bruta de 37,1 millones de euros. Las plazas de primera categoría concentraron 23,3 millones de esa cifra, mientras que los cosos de segunda aportaron otros 11,7 millones y las plazas de menor capacidad alrededor de 2,1 millones. El precio medio ponderado de las localidades se situó en torno a los 71 euros y más de la mitad de las corridas colgaron el cartel de «no hay billetes», agotando las entradas semanas e incluso meses antes de su celebración. El cálculo, además, ni siquiera incorpora el mercado secundario de la reventa, cuya actividad resulta imposible de cuantificar con precisión.
La taquilla representa solamente una parte del impacto total. El verdadero efecto económico aparece cuando los aficionados viajan para asistir a las corridas. El análisis estima que cerca del 46% de las asistencias correspondieron a personas desplazadas desde otras localidades o desde el extranjero, lo que equivale a unas 191.000 asistencias nacionales y más de 51.000 internacionales. Ese movimiento de aficionados generó un gasto turístico de 91,4 millones de euros repartido entre hoteles, restaurantes, cafeterías, comercios, estaciones de servicio y empresas de transporte. Aunque los visitantes representaron menos de la mitad del público, concentraron aproximadamente el 91% de todo el gasto turístico asociado a la temporada, reflejando hasta qué punto la tauromaquia puede actuar como un potente dinamizador económico para los territorios que acogen este tipo de espectáculos.
Otro aspecto especialmente interesante es la distribución territorial de ese impacto. A diferencia de un gran concierto o de un evento deportivo celebrado en una única sede, la temporada de Morante reparte la actividad económica entre decenas de ciudades y municipios de distinto tamaño. Madrid, Sevilla, Pamplona, Nimes o El Puerto de Santa María constituyen algunos de los ejemplos más conocidos, pero el fenómeno también alcanza numerosas localidades medianas donde la corrida se convierte durante un día en el principal acontecimiento económico y social de la semana. Esa dispersión geográfica hace que el gasto termine beneficiando a un tejido empresarial muy amplio, integrado por hoteles, bares, restaurantes, comercios, taxistas, proveedores y pequeños negocios locales.
La metodología empleada permite, además, estimar los efectos indirectos e inducidos que genera ese gasto inicial. Cada 1 euro generado mediante la venta de entradas para sus actuaciones termina movilizando alrededor de 5,5 euros de actividad en el conjunto de la economía local. Como consecuencia de tal efecto multiplicador, la producción total asociada a la temporada alcanza los 204 millones de euros, mientras que el valor añadido bruto asciende a 93,7 millones y el empleo sostenido equivale a 1.720 puestos de trabajo a jornada completa. Expresado de otro modo, cada una de las 51 corridas protagonizadas por Morante durante 2025 generó, en promedio, alrededor de cuatro millones de euros de actividad económica. Hablamos, además, de eventos privados organizados por empresas que apenas reciben apoyo presupuestario de las Administraciones, que solamente dedican el 2,4% de sus desembolsos culturales al sector taurino.
Conviene subrayar, además, que se trata de una estimación prudente, ya que el estudio no incorpora partidas como los derechos audiovisuales, los contratos de patrocinio, el valor económico de la cobertura mediática asociada a las actuaciones de Morante, la dimensión comercial que afecta a las ganaderías anunciadas o simplemente el efecto que la presencia de Morante tiene sobre el caché futuro del resto de toreros que comparten con él los carteles. De igual manera, tampoco cuantifica el impacto reputacional que experimentan muchas ferias cuando logran anunciar al torero sevillano ni el incremento de demanda que su presencia genera en temporadas posteriores. El análisis de sensibilidad sitúa el impacto económico total en una horquilla de entre 190 y 220 millones de euros, por lo que los 204 millones utilizados como referencia constituyen un escenario central y, probablemente, conservador.
Más allá del caso concreto de Morante, el estudio invita a ampliar el foco sobre la dimensión económica de la tauromaquia. Igual que sucede con los grandes acontecimientos deportivos o musicales, las corridas de máxima expectación no solo constituyen un espectáculo para quienes acuden a la plaza. También representan un importante foco de actividad para hoteles, restaurantes, comercios y empresas de servicios.
El «efecto Morante» demuestra que, cuando un fenómeno cultural consigue movilizar a cientos de miles de personas dispuestas a desplazarse para disfrutar de él, sus consecuencias trascienden el ámbito artístico y pasan a formar parte de la economía real.











