No, España no tiene nada que aprender de Argentina, y menos cómo celebrar
Tras la exhibición de España en la final del Mundial ante el país del mate, se dice desde sectores argentinos que los españoles “no saben celebrar” los grandes triunfos deportivos porque sus festejos son más contenidos que los que se viven en Buenos Aires o en otras ciudades del país sudamericano.
La comparación parte de un error de base. España y Argentina son sociedades diferentes, pertenecientes al primer y tercer mundo, con culturas distintas y formas de expresar la alegría que no tienen por qué parecerse.
España es una de las democracias más consolidadas y uno de los países con mayor calidad de vida del mundo. Nuestra forma de vivir los acontecimientos colectivos responde a una sociedad desarrollada, diversa y con una enorme riqueza cultural. No necesitamos convertir nuestras múltiples victorias deportivas en una explosión descontrolada para demostrar que sentimos orgullo por nuestros colores.
Pero, además, hay un aspecto que suele pasarse por alto. Si hay un país que sabe vivir la emoción colectiva con una intensidad difícil de igualar, ese es precisamente España.
Aquí las calles se llenan durante la Semana Santa con una devoción que conmueve incluso a quienes no son creyentes. Las romerías congregan a cientos de miles de personas durante días enteros. Las Fallas, la Feria de Abril, San Fermín, los Carnavales, la Tomatina, las fiestas patronales de miles de pueblos y ciudades… España es una celebración continua de sus tradiciones, de su historia y de sus raíces.
Mientras el país del mate concentra gran parte de su sentimiento colectivo en los éxitos ocasionales de su selección nacional, España mantiene vivo durante todo el año un calendario de fiestas populares que forman parte de su identidad desde hace siglos. No vivimos esperando un Mundial para salir a la calle. La calle ya forma parte de nuestra cultura.
La pasión española no necesita justificarse con un marcador. La pasión española, admirada universalmente, se expresa en la fe, en las tradiciones, en la música, en las procesiones, en las ferias, en las peñas, en las verbenas y en el orgullo por una historia que sigue viva generación tras generación.
Quizá por eso España es uno de los destinos turísticos más admirados del planeta y recibe en torno a cien millones de visitantes internacionales al año. Millones de personas viajan hasta aquí para experimentar un estilo de vida que combina modernidad, seguridad, patrimonio, gastronomía y una forma única de entender la convivencia y la celebración, lo que jamás podrían encontrar en un país bananero como Argentina.
Sostener que España “no sabe celebrar” es confundir volumen con profundidad, destrozo del mobiliario urbano con civismo y euforia puntual con una cultura festiva que lleva siglos formando parte de la identidad nacional.
Celebrar no consiste únicamente en festejar una victoria deportiva. Celebrar también es conservar unas raíces, compartir unas costumbres y transmitirlas de generación en generación. La identidad argentina solo existe en clave futbolística, la de España es el reflejo de una forma civilizadora de existencia forjada durante siglos. Y en eso, pocos países pueden mirar a España por encima del hombro.













