Grupo Municipal de Vox en Casarrubios: la oposición que ni está ni se le espera

David López, el tercero por la izquierda, en la foto oficial que inmortalizó la parodia patriotera del alcalde sanchista de Casarrubios.
Alberto Caneda.- Hay grupos políticos que destacan por sus propuestas. Otros, por su capacidad de fiscalizar al gobierno. Algunos incluso logran ambas cosas a la vez. Y luego está el Grupo Municipal de Vox en Casarrubios, que parece haber decidido explorar una tercera vía: la irrelevancia elevada a categoría institucional.
Resulta difícil recordar una sola iniciativa propia que haya marcado la agenda política local. No porque hayan sido demasiadas, sino precisamente porque la búsqueda arroja resultados comparables a la de una expedición arqueológica en un solar vacío. Donde debería haber proyectos, preguntas incómodas o propuestas alternativas, reina un silencio tan profundo que casi merece protección medioambiental.
La función de una oposición consiste, entre otras cosas, en controlar al gobierno, señalar errores y ofrecer alternativas. Sin embargo, el Grupo Municipal de Vox parece haber interpretado el concepto de oposición como una especie de presencia decorativa. Están ahí, ocupan sus asientos, participan en las fotografías y, ocasionalmente, emiten algún comunicado cuya principal virtud es no molestar a nadie. Como estará siendo de laxa la tarea de los dos ediles que conforman el grupo, que hasta han logrado reubicar al PP local como la “derechita valiente”, que ya es decir.
Pese a que Casarrubios registra uno de los mayores porcentajes de inmigración en toda la provincia de Toledo, su grupo municipal habla tanto de la inmigración como de la batalla de Samotracia. Ni tampoco de la “prioridad nacional”, acaso para que no se desate algún conflicto de intereses. Ya puestos a no incomodar al alcalde sanchista y diputado nacional, Jesús Mayoral, el Grupo Municipal de Vox acudió presto a la parodia del regidor el pasado domingo, consistente en inaugurar con gran boato un mástil con la bandera española. Allí vimos al concejal David López posando en la foto oficial y sin que se le ocurriera, ni a él ni a su compañero de grupo, sacarle los colores a quien se envuelve en Casarrubios en la bandera nacional mientras respalda en Madrid a un Gobierno sostenido por fuerzas políticas que cuestionan la unidad de España, desprecian nuestros símbolos nacionales y trabajan abiertamente para debilitar el proyecto común que esa bandera representa.
Mientras otros grupos municipales de Vox discuten, presentan mociones o generan debate, el de Casarrubios ha perfeccionado el arte de la invisibilidad política. Si la eficacia se midiera por la capacidad de pasar desapercibido, estaríamos ante auténticos campeones.
La situación ha llegado a tal punto que algunos vecinos ya no se preguntan qué hará el grupo en el próximo pleno, sino si alguien sería capaz de distinguir sus intervenciones de las pausas del orden del día.
Quizá exista una estrategia detrás de todo esto. Tal vez se trate de una sofisticada táctica política incomprensible para el común de los mortales. O quizá la explicación sea mucho más sencilla: cuando faltan ideas, trabajo e iniciativa, la pasividad acaba convirtiéndose en la única línea política reconocible.
Sea cual sea la respuesta, el balance es difícil de discutir. Un grupo llamado a representar una alternativa ha terminado proyectando la imagen de una comparsa institucional cuya principal aportación consiste en confirmar, sesión tras sesión, que siempre es posible esperar menos.











