Vox no es vuestro aliado, imbéciles, es vuestro enemigo
Alberto Caneda.- El gran error del PP de Casarrubios no es perder votos. Es no entender a quién tiene al lado. Mientras algunos dirigentes populares siguen creyendo que VOX será un socio dócil y disciplinado, la realidad política demuestra justo lo contrario: el objetivo estratégico de VOX no es fortalecer al PP, sino sustituirlo.
En Casarrubios del Monte, esa ceguera política empieza a ser preocupante. El PP local actúa como si dependiera de un aliado fiable, cuando VOX lleva años construyendo su discurso precisamente contra el Partido Popular, acusándolo de tibieza, cobardía y traición ideológica. Basta escuchar a dirigentes nacionales de ambos partidos para entender que la relación nunca ha sido de cooperación sincera, sino de competencia feroz por el mismo espacio electoral.
La prueba más evidente de esa torpeza política es la actitud del grupo popular encabezado por Rocío Pérez Vicioso. Confiar en VOX como socio estable revela una falta alarmante de lectura política. Porque cualquiera que observe mínimamente la evolución de la derecha española entiende que VOX no quiere apuntalar al PP: quiere absorberlo, debilitarlo y convertirlo en irrelevante.
Los propios antecedentes nacionales y autonómicos lo dejan claro. Allí donde VOX ha tenido fuerza suficiente, ha utilizado cada pacto para marcar perfil propio, tensar al PP y presentarse como la “derecha auténtica”, dejando a los populares como una fuerza acomplejada y dependiente. El objetivo nunca ha sido compartir poder; el objetivo es ocupar todo el espacio conservador.
En el Ayuntamiento de Casarrubios del Monte, donde actualmente PP y VOX suman 6 concejales frente a 7 del PSOE, la ingenuidad popular resulta todavía más evidente. Según la composición municipal oficial, el PP cuenta con cuatro concejales y VOX con dos.
Pensar que esos dos concejales actuarán por lealtad permanente hacia el PP es no haber entendido absolutamente nada de la estrategia de VOX desde su nacimiento.
Lo más grave es que esa dependencia transmite debilidad. Un partido que aspira a gobernar no puede aparecer subordinado a otro cuya ambición declarada es devorarlo políticamente. Y, sin embargo, esa es exactamente la imagen que proyecta el PP local: un partido sin rumbo propio, pendiente de lo que haga VOX y convencido de que la alcaldía llegará por simple aritmética.
Pero la política no funciona así. La confianza ciega en quien compite por destruirte electoralmente no es estrategia: es ingenuidad. Y cuando esa ingenuidad la lidera una portavoz municipal que debería conocer perfectamente el tablero político, el problema deja de ser táctico para convertirse en una demostración de desorientación absoluta.
Porque mientras el PP de Casarrubios sueña con pactos cómodos y alcaldías compartidas, VOX sigue haciendo lo mismo que en toda España: crecer a costa del desgaste popular. Y quien todavía no lo haya entendido, simplemente está caminando a ciegas.











