Las ratas saltan del barco Zapatero
Jano García.- Desde que estalló el caso Zapatero no son pocos los periodistas que han jugado a hacerse los sorprendidos. Fingían asombro al contemplar como un expresidente del Gobierno había conseguido levantar una fortuna nunca antes vista. Sólo un sectario, un estúpido o un mentiroso –cuando no las tres cosas a la vez– podía hacer como si no pasara nada. Bastaba con preguntarse: ¿de dónde saca el dinero Zapatero? La misma pregunta nos valdría para otro siniestro personaje: José Bono.
Dicen que el periodismo consiste en buscar respuestas, pero hace ya demasiado tiempo que el activismo sustituyó al periodismo y el silencio respecto a la fortuna de Zapatero, con contadas excepciones, se apoderó del mundo mediático. Y lo hizo porque todas las respuestas conducían a lo que el auto del juez señala: la fortuna de Zapatero es fruto de la corrupción. ¿Cómo si no un patán como el expresidente socialista iba a amasar tal cantidad de dinero? ¿Cómo si no iba a estar dispuesto a someterse a la narcodictadura chavista? ¿Quién, con un mínimo de valía, iba a estar haciendo chanchullos con personajes relacionados con el narcotráfico y dictaduras sanguinarias?
Ahora, de pronto, esos mismos cómplices del latrocinio del clan Zapatero saltan del barco como ratas. Lo hacen no porque realmente les haya pillado de sorpresa, sino porque saben que ese barco se hunde y quieren seguir viviendo de la mentira. Para ello necesitan vender al populacho que Zapatero ha sido una decepción y que, en realidad, eso no es el PSOE. Necesitan activar la operación PSOE buena para poder mantenerse y más pronto que tarde veremos a un Madina de turno liderando el regreso de lo que nunca existió. Pero eso lo dejaremos para un próximo artículo.
Aun así, lo peor de Zapatero no es que nos robara para hacerse rico él, su mujer y sus desagradables hijas. Lo peor es que con la llegada de Zapatero al poder de pronto los terroristas no eran terroristas, sino «hombres de paz». Las mujeres no eran mujeres, sino seres oprimidos que vivían peor que en Kabul por culpa de los hombres españoles. Los científicos que cuestionaban las tesis climáticas no eran científicos, sino negacionistas y la generación que se dio la mano para enterrar la Guerra Civil no era una generación admirable, sino más bien una generación de malvados franquistas. Zapatero llegó sobre sangre y sobre la sangre de nuestros antepasados cabalgó para desenterrar fantasmas del pasado recuperando la retórica guerracivilista de Largo Caballero y compañía. El zapaterismo es lo peor que le ha sucedido a España y, aunque sea por corrupción y no por el daño moral que causó, ver cómo termina es una gran noticia.











