Vox no es socio del PP: actúa como su enemigo útil y el mejor aliado de Sánchez
El Partido Popular lleva demasiado tiempo instalado en una cómoda ambigüedad frente a Vox. Una estrategia que quizá pudo tener sentido en un momento inicial, cuando la irrupción de la formación de Santiago Abascal obligaba a recomponer equilibrios en la derecha, pero que hoy resulta, sencillamente, insostenible. No responder a los ataques constantes es debilidad política, no prudencia.
Vox no ha actuado nunca como un socio leal. Su estrategia ha sido clara desde el principio: crecer a costa del PP, erosionarlo desde dentro de su propio espacio ideológico y presentarlo como una opción tibia, acomplejada o traidora. Cada crítica, cada descalificación y cada intento de marcar perfil propio tiene un objetivo evidente: sustituir al Partido Popular como referencia de la derecha española.
Ante esto, el silencio de la dirección popular transmite desconcierto. La falta de respuesta legitima el ataque. Cada vez que Vox lanza una acusación sin réplica, consolida su relato entre votantes que perciben que algo de verdad debe haber cuando no se rebate. La política no funciona en el vacío: quien no defiende su posición, la pierde.
Alberto Núñez Feijóo debe asumir cuanto antes una realidad incómoda: Vox no es un aliado estratégico, sino un competidor directo con vocación de reemplazo. Pensar lo contrario es caer en una ilusión peligrosa que solo beneficia a quien busca debilitar al PP. La idea de que ambos partidos comparten un espacio que puede gestionarse con equilibrios tácitos ha quedado desmentida por los hechos una y otra vez.
Además, esta pasividad tiene un coste electoral evidente. Un partido que aspira a gobernar no puede permitir que otro marque el ritmo del debate en su propio campo ideológico. La falta de confrontación no evita la fuga de votos; la acelera. Los votantes buscan claridad, liderazgo y convicción, no silencios calculados que acaban pareciendo resignación.
Feijóo se enfrenta a una disyuntiva clara: o redefine su relación con Vox desde la firmeza, marcando distancias y respondiendo a cada ataque con argumentos y determinación, o seguirá atrapado en una estrategia defensiva que solo refuerza a su adversario. Porque sí, Vox es hoy un socio más de Sánchez que del PP. Ambos comparten el mismo objetivo: que no gobierne Feijóo. Actuar como si Vox fuese un aliado juicioso y fiable es el mayor error que puede cometer el Partido Popular en este momento.
La política exige, ante todo, coherencia. Y la coherencia, en este caso, pasa por dejar de tratar como aliado a quien trabaja activamente, codo con codo, con Pedro Sánchez, para impedir la alternancia política al sanchismo. La falta de fiabilidad de Abascal convierte cualquier posible acuerdo con el Vox en una apuesta incierta y difícil de sostener a medio y largo plazo.












