El ausente Sánchez y otras ausencias
Juan Van-Halen.- Desde mi última columna, el año bebé ha seguido en España su breve curso sin demasiados estruendos, pero sí con algunos. Me interesó singularmente la columna de Ramón Pérez-Maura, «Sánchez ofende a la Corona y a las Fuerzas Armadas». Clarísimo. Sánchez, olvidado por Europa en encuentros importantes, consideró inexcusable asistir a una convocatoria en la que participaban naciones ajenas a la UE y cuyo objeto era menor comparado con reuniones a las que no le convocan.
Es la primera vez que un presidente de Gobierno se ausenta de la Pascua Militar. Sánchez no depende de los horarios de vuelos comerciales; va del helicóptero al avión. Supongo que es lo habitual también en los vuelos, si existen como se dice, a República Dominicana. No era cuestión de tiempos. Quiso marcar diferencias con el Rey y las Fuerzas Armadas y así agradar a sus socios comunistas y afines. Acaso no olvida su soledad en la cobarde huida de Paiporta mientras los Reyes permanecían entre los afectados por la dana.
Y más ausencias. El Rey padre celebró en Abu Dabi su 88 cumpleaños en compañía de sus hijas y parte de sus nietos. No asistieron su hijo el Rey, la Reina, la Reina Sofia, la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía. Ausencias en una fecha señalada para Don Juan Carlos, ya muy mayor. Nos enseñó Cervantes: «El que está para morir siempre suele hablar verdades». Pienso, obviamente, en Reconciliación, tan displicentemente acogido por demasiados listillos ocasionales.
Parece asumido que el Rey que trajo la democracia muera fuera de España; sería negativo para la Monarquía. Fue notoria su ausencia en la conmemoración del medio siglo de su reinado; se ventiló con una comida familiar. ¿Qué hubiese ocurrido sin Sánchez en Moncloa? La celebración hubiera tenido otros mimbres, ya que Sánchez fue quien decidió su ausencia de España. Felipe VI, pensando en la Institución, aceptó lo que acaso se había planeado como una trampa. No solo Juan Carlos I arbitró la llegada de las libertades, también es el primer Monarca que pide perdón (a mi juicio, un error), y el primero que, con tales antecedentes, padece destierro.
Un Sánchez desnortado busca agradar a sus socios con la única intención de conservarlos y seguir gobernando habiendo perdido las elecciones. Desde los indultos a la amnistía, inconstitucional, según muy ilustres juristas. El último capítulo de sus dádivas con cargo al conjunto de los españoles es la entrega de 4.700 millones de euros, asegurados a Oriol Junqueras, recibido en la puerta de Moncloa, sin bandera española, claro, a lo jefe de Gobierno. Había que agradar a Junqueras, con abuelo alcalde franquista y de familia andaluza y extremeña, pero catalanista excelso. Tanto como su correligionario Rufián, de familia andaluza.
Junqueras proclama que es independentista desde los ocho años; un prodigio. Inhabilitado, Sánchez quiere tenerlo contento. Su próximo interlocutor será Puigdemont. Mueve cartas marcadas alrededor del inútil Illa. Pero a Sánchez le da igual. Trata de arañar votos como sea, aunque declarase que gobernaría sin el Parlamento, anuncio impensable en cualquier democracia.
En el encuentro de Sánchez con Junqueras la ausencia no fue personal sino más grave: de moralidad. Quien apoyó la aplicación del artículo 155 de la Constitución tras el golpe catalán en 2017, arrasa repetidamente la igualdad entre los españoles garantizada en la Constitución. Sánchez cree tontos a los ciudadanos; por una lamentable pasividad suicida llego a pensar que lo somos. Ahora nos vende que todas las regiones serán beneficiadas, pero prima ampliamente a Cataluña. A ver cómo lo explica la alegre Alegría en su cercana campaña electoral, condenada por Sánchez al sacrificio, como el resto de sus candidatos.
El partido de Junqueras arrastra tradición golpista. Companys, entonces su líder, con un gobierno de centro derecha en Madrid, octubre de 1934, declaró el «Estado Catalán» acusando al gobierno de «fascista». El general Batet lo arregló. Marx escribió en El 18 Brumario de Luis Bonaparte: «La historia ocurre dos veces: la primera vez como tragedia y la segunda como farsa».
Otra ausencia sonada es la de Zapatero. Desde la ‘operación Maduro’ no se ha dejado ver ni ha hecho declaración alguna. Ha reforzado su seguridad. El Pollo Carvajal no para de hablar. El miedo es libre.










