Mientras acepta la persecución de la religión católica, el Gobierno dice que investigará el veto al uso de espacios públicos para ritos islámicos en Jumilla
El Gobierno ha sugerido que iniciará una investigación para ver si constituye un «delito de odio» la decisión del Ayuntamiento de Jumilla, en Murcia, el que sus instalaciones deportivas se utilicen solamente para ese uso deportivo o para las actividades municipales, excluyendo, entre otros, los actos religiosos. La medida del Gobierno municipal del PP ha sido interpretada por el Ejecutivo de Sánchez y su entorno mediático como una limitación de los derechos de culto y libertad religiosa de los musulmanes, que habían celebrado en esos recintos algunas de sus fiestas.
Sorprende la rapidez con que el Gobierno reacciona, sin pedagogía alguna, a decisiones que pueden y deben ser discutidas -pero son legítimas en un Estado de derecho si se argumentan correctamente- y la lentitud exasperante, cuando no la indiferencia, ante otras incluso judicializadas o legalmente proscritas, sean la persecución del español en Cataluña o la exaltación de terroristas en el País Vasco o Navarra.
Y todavía escama más la ligereza despectiva con que se acepta la persecución de la religión católica, indispensable para entender Europa e inherente a la cultura, los valores y la identidad de los españoles; y la celeridad con que se defiende otras confesiones sin duda más lejanas y controvertidas.
En España, desde trincheras sectarias, se denigra habitualmente la utilización del espacio público con las maravillosas procesiones de la Semana Santa; se persigue la libertad de elección educativa con la asignatura de Religión o la enseñanza concertada si aparece la Iglesia o se transforman los repudiados casos de pederastia en una causa general contra los sacerdotes, despreciando las evidencias irrefutables de que no representan al conjunto de la institución y que esta ha luchado como nadie para combatir esa vergüenza y pagar por ella.
Entrando en el fondo del asunto, España es un país oficialmente aconfesional que protege la libertad de culto, lo que avala por igual la celebración de cuantos ritos tengan por propios las distintas confesiones. Pero también es un Estado de derecho avanzado, sustentado en la igualdad, la Ilustración, las leyes y las costumbres más avanzadas que sin duda ha alumbrado la humanidad, con su doble origen judeocristiano y grecolatino.
En ese sentido, la libertad religiosa nunca puede conculcar o subordinar los valores y normas definitorias de la democracia liberal occidental, cuya defensa no admite excepciones ni coartadas de ningún tipo: se puede ser musulmán y practicar libremente ese credo, sin duda, pero solo hasta donde hacerlo no rebase las líneas rojas institucionales, jurídicas y culturales que tenemos y hemos de defender sin ningún complejo.
Y es bochornoso que esa máxima se aplique con quien no la necesita en realidad, con constantes advertencias políticas al español corriente por su género o ideología, como si fueran pecados originales que les predisponen al exceso; pero se diluya con quienes no asumen de manera rutinaria la igualdad entre hombres y mujeres; la separación entre el Estado y la fe o incluso la diversidad sexual.
Aceptar el concepto de democracia occidental no puede ser negociable. Y aplicarlo sin excepciones, tampoco. No es solo una cuestión identitaria, como sostienen quienes transforman un asunto central del futuro europeo en una burda polémica racista con inmensa frivolidad: es también, y ante todo, una defensa de la libertad real, la igualdad sin fisuras y el derecho más sofisticado.
Se puede ser musulmán y celebrarlo, por supuesto, pero nunca a costa de dejar de ser demócrata, pacífico y respetuoso con el código moral, legal, cultural y humano que nos define, del que debemos sentirnos orgullosos.
El Gobierno investigará el veto al uso de espacios públicos para la celebración del rito islámico
El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones ha trasladado su empeño a favor de una sociedad libre de discriminación, racismo y xenofobia. Por ello, confirma que el Gobierno va a investigar el veto al uso de espacios públicos para la celebración del rito islámico en la localidad murciana de Jumilla. La iniciativa impulsada por Vox, ha sido apoyada con matices por el PP.
La moción impulsada por Vox proponía directamente vetar el rito islámico en espacios públicos. Una modificación del PP ha permitido centrar el texto en las competencias municipales de las instalaciones deportivas, pero ha servido en bandeja al PSOE volver al choque contra los populares y abundan en la narrativa general de que Alberto Núñez Feijóo blanquea a los de Santiago Abascal con una medida que, a su juicio, alimenta una fractura social de consecuencias imprevisibles.
Desde el ministerio que dirige Elma Saiz recalcan su intención de seguir de cerca los discursos de odio que puedan derivarse o potenciarse a raíz de estas iniciativas que, subrayan, atentan contra la libertad y dignidad de las personas.
La iniciativa del PP que finalmente se aprobó en el pleno del pasado 28 de julio prohibe los actos religiosos, culturales o sociales extradeportivos ajenos al consistorio, entre ellos los que se venían celebrando en esas instalaciones el colectivo musulmán de la ciudad, como el rezo con el que celebran el fin del Ramadán. La iniciativa insta además al gobierno local a «promover actividades, campañas y propuestas culturales que defiendan nuestra identidad y protejan los valores y las manifestaciones religiosas tradicionales en nuestro país».
Además, instaba a «reivindicar el respeto y la protección de las tradiciones propias del pueblo español en el espacio público frente al avance de costumbres ajenas impulsadas por políticas de cesión ideológica, electoralismo o presión económica».
Incluso llamaba a promover la gastronomía y la carnicería españolas frente a usos foráneos como el ‘halal’ (alimentos permitidos por la religión musulmana), un punto que, como los anteriores, ni siquiera fue considerado.
Días antes de esta votación, el 14 de julio, la Comisión de Deportes municipal votó contra la moción de Vox para restringir el uso de las instalaciones deportivas como el campo de fútbol en el que ha celebrado en años anteriores el rezo colectivo por el fin del Ramadán. El rechazo fue posible gracias a los votos de cuatro ediles del PSOE y uno de IU-Podemos-AV, y contó con cinco abstenciones del PP y el único apoyo del edil proponente.
El PP dice que «esto no va de religión ni de nacionalidades»
El PP de Jumilla sostiene que «esto no va ni de religión, ni de nacionalidades, sino de que se va a iniciar una modificación de la ordenanza para que las instalaciones deportivas se usen para la celebración de actividades deportivas, sin más».
Desde IU-Podemos-AV han manifestado su intención de llevar a los tribunales lo que consideran «un ataque frontal a derechos fundamentales recogidos en la Constitución Española, y muy especialmente al artículo 16, que garantiza la libertad religiosa y de culto».











Si la izquierda y ultraizquierda hos nan hecho creer que España es aconfesional significa que lo es para todas las religiones
Espero que no falle la memoria en las ptoximas
Elecciones
Mas vales que intentara solucionar los graves problemas de los españoles