Así ha cambiado nuestro consumo energético en los últimos 10 años
Así ha cambiado nuestro consumo energético en los últimos 10 años
Gracias a los avances tecnológicos, las políticas medioambientales que se han ido implementando alrededor del mundo, el crecimiento de la población y los efectos derivados de impulsar las energías renovables, ha habido una importante evolución en la última década en lo que respecta a nuestra forma de producir y consumir energía doméstica.
Más allá de impulsar la reducción de las emisiones de carbono y mitigar los efectos del calentamiento global, estos cambios en nuestro consumo energético han dado lugar al desarrollo de nuevas tecnologías que hacen más fácil usar energías limpias y controlar nuestro consumo de electricidad.
Auge de las energías renovables
Energía solar, eólica e hidráulica
El consumo de energías renovables se ha acelerado en los últimos años, fuentes como la energía solar, la eólica y la hidráulica no tenían la trascendencia que tienen hoy en día. La reducción de los costes de producción y de adquisición de estas tecnologías, poco a poco va permitiendo que las energías renovables se vayan posicionando como una de las alternativas más buscadas o el próximo paso a dar, tanto para organizaciones como para personas de a pie.
Según la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA), el gasto de generar electricidad a partir de energía solar fotovoltaica ha bajado un 88% entre 2010 y 2021, mientras que el de la eólica ha caído un 68% en ese mismo período. A esto tenemos que sumar los incentivos que han ido ofreciendo los gobiernos: subsidios, reducción de impuestos y otras políticas públicas que han hecho más fácil su implementación.
Poniendo solución a la intermitencia
Un desafío inherente en las energías renovables es justamente su intermitencia, es decir, que no siempre pueden generar energía de forma constante, dependen de la luz solar y del viento. En 2024, vemos como se ha puesto solución a esta limitación con el uso de baterías de iones de litio y sistemas de almacenamiento en red. Estas permiten “guardar” la energía generada en momentos de mayor producción para usarla más tarde, por ejemplo, por las noches o en días nublados.
Además de las baterías de iones de litio, también existen las “baterías virtuales”, que no son dispositivos físicos, por lo que no ocupan espacio en la vivienda. Funcionan con un sistema de registro que lleva a cabo la comercializadora para contabilizar la energía que se envía a la red eléctrica y luego reducirla de la factura.
Descentralización del sistema energético
Estas transformaciones en el sistema energético dan paso a un modelo descentralizado en que ya no se depende solamente de grandes plantas de generación, sino que estas son complementadas (e incluso reemplazadas en algunos casos) por sistemas alternativos como paneles solares en tejados o pequeños parques eólicos comunitarios.
Ahora que las personas pueden generar su propia energía para autoconsumo, también pueden vender el excedente a la red eléctrica, convirtiéndose en “prosumidores”, productores y consumidores al mismo tiempo. Actualmente, además de las energías renovables, otras fuentes de energía son la nuclear, el carbón y el ciclo combinado.
Electrificación de diferentes sectores
Transformación del transporte
La industria del automóvil cuenta con una visión de futuro muy distinta a la de años atrás, los vehículos eléctricos (VE) han pasado a ser una realidad a disposición de los consumidores. Incluso los propios gobiernos han respaldado dicha transformación con la implementación de políticas específicas pro transición hacia la movilidad sostenible, como subsidios, exenciones fiscales y normativas para reducir las emisiones.
Aunque todavía son pocos, ya podemos encontrar puntos de carga rápida para vehículos eléctricos en las grandes ciudades, así como cada vez más personas están optando por dejar atrás los modelos de gasolina o diésel. Y no hablamos solo del transporte privado, estos cambios también han llegado al transporte público. Ciudades de todo el mundo han comenzado a incorporar autobuses eléctricos en sus flotas.
Calefacción y refrigeración eléctricas
Además del transporte, otros sectores también han experimentado cambios en los últimos 10 años. Los sistemas tradicionales de calefacción y refrigeración que dependen de combustibles fósiles, como las bombas de calor, se han ido reemplazando por alternativas eléctricas capaces de transferir el calor en vez de generarlo directamente. Al ser mucho más eficientes, los gobiernos han ido estableciendo regulaciones capaces de impulsar el uso de estas tecnologías.
Consumo de energía en las viviendas
Eficiencia energética doméstica
Lo que en su momento era una opción más en el mercado, en 2024 se ha convertido en un estándar. Gracias a las etiquetas energéticas podemos elegir productos como dispositivos electrónicos y electrodomésticos más eficientes para reducir nuestro consumo y controlar nuestra factura a final de mes. La iluminación LED, por ejemplo, ha ido reemplazando a las bombillas tradicionales, consumiendo hasta un 90% menos de energía y durando mucho más tiempo.
Digitalización y consumo energético
Hoy en día, podemos usar contadores inteligentes para medir y controlar el consumo energético en tiempo real. Nos proporcionan información detallada a la que años antes no habría sido tan fácil acceder y que nos permiten tomar decisiones informadas sobre el gasto energético de nuestra vivienda.
También existen sistemas de gestión energética y dispositivos conectados a través del Internet de las Cosas (IoT) capaces de adaptarse a las condiciones del entorno para evitar el desperdicio y promover un uso más responsable de los recursos energéticos.
Compromisos climáticos
Todos estos cambios han sido fomentados por tratados y compromisos internacionales, entre ellos, el Acuerdo de París de 2015 que marcó la trayectoria del consumo energético en países de todo el mundo. Comprometidos con alcanzar la neutralidad de carbono para 2050, este fue un punto de inflexión en la lucha contra el cambio climático y que, a su vez, impulsó la inversión en energías renovables y tecnologías limpias.
Organizaciones internacionales, gobiernos y bancos han asignado grandes recursos a infraestructuras y proyectos energéticos, por ejemplo, los fondos verdes que se crearon para financiar proyectos de energía limpia. En paralelo, se han ido eliminando los subsidios a los combustibles fósiles para que las alternativas renovables sean más competitivas en términos económicos y de accesibilidad.
En los últimos 10 años, ha habido una clara transformación hacia un uso más responsable de la energía, que promueve tanto una mayor autonomía como un mejor control sobre nuestro consumo. El auge de las energías renovables, combinado con tecnologías avanzadas como las baterías virtuales, que ponen solución a desafíos que fueron clave como la intermitencia, y la descentralización del sistema energético, ha hecho más fácil integrar fuentes de energía limpia en el día a día.











