Deberes de verano
A poco menos de un mes de dar la bienvenida en nuestros colegios a toda una marea de estudiantes y volver a coincidir todos en un aula protagonizada por los resquicios de una pandemia que parece no dar tregua, siguen pendientes diversas tareas que, como docente, no puedo evitar resaltar ya que no han sido debidamente corregidas a tiempo durante el curso pasado. A medida que se acercan las fechas, ya se puede apreciar el ambiente previo a un nuevo curso escolar: papelerías repletas de materiales, ganas de volver a contar con viejas compañías y profesores esperando la llegada no sólo de esos jóvenes, sino de la aplicación de la enésima reforma educativa que sin pena ni gloria llega a nuestras escuelas para implementarse definitivamente en este nuevo curso.
La esperada ley LOMLOE aterriza con fuerza en nuestras aulas de la mano de un gobierno que se apremia por elaborar una reforma donde únicamente reserva todos sus esfuerzos en derogar todo aquello elaborado por un gobierno anterior y donde, lejos de contar con un aumento en la calidad de la enseñanza, responde a lógicas y valores que no cuentan con el respaldo de la comunidad educativa.
En escasos momentos se han tratado temas especialmente relevantes para la mejora educativa en nuestro país, y es que cuando perseguimos unos intereses, dejamos de lado otros objetivos que realmente importan. Como siempre pasa, llega septiembre y queremos recuperar la asignatura: aún no se han esclarecido las nuevas medidas sanitarias que debemos seguir durante el nuevo curso, no hay respuesta ante la problemática que presentan centros conaulas masificadas donde resulta imposible atender a la mayoría de las necesidades existentes y observamos impotentes la notable falta de delimitación de contenidos curriculares para cada etapa educativa; la cual sumada a la cada vez más impensable posibilidad de repetición, culmina un proceso que lleva tiempo consolidándose: el descenso progresivo de las exigencias académicas consiguiendo así el número máximo de aprobados posible. Todavía habrá quienes, observando los efectos de la nueva “Ley Celaá” consideren que esta reforma ha sido provechosa; pero maquillando un problema, no lograremos hallar una solución efectiva.
Los poderes públicos no han contado con un factor adicional, y es en el escaso valor que le otorgan a la educación y gestión de las emociones en los adolescentes, y es precisamente la falta de trabajo en este ámbito la que genera nulas capacidades de respuesta acerca del sentimiento de frustración que tarde o temprano nos llega a todos, siendo los problemas depresivos la segunda causa de muerte en adolescentes en España. Y no es un problema menor, ya que es esencialmente la falta de interés en el futuro de estos jóvenes, la que luego nos pasa facturacomo sociedad, ya que entristece pensar en lo abandonados que resultarán estas nuevas promociones cuando terminen los estudios y entren en un mercado laboral donde el paro asciende más del 40% en menores de 24 años y donde siete de cada diez no serán capaces de permitirse comprar una vivienda, lo cual hace que me sorprenda que todavía existan quienes se pregunten porqué actualmente tenemos problemas de natalidad y regeneración demográfica.
Es de evidente conocimiento que uno de nuestros objetivos como sociedad, es el de poder otorgar a las próximas generaciones un futuro mejor del que nosotros hemos podido disfrutar, y de hecho, hemos trabajado incansablemente en ello, dotando a los jóvenes de nuevas e innovadoras herramientas para que con ellas, consigan alcanzar cualquier objetivo que se propongan en la vida; pero nuestro trabajo nos impide obviar la carencia de mejora en la enseñanza que se pretende conseguir a través de un nuevo rumbo en un sistema educativo que no está encaminado hacia un futuro prometedor, y escucharemos atónitos aquellas frases de nuestros mayores donde se elogia la gran suerte de vivir en nuestro tiempo mientras nosotros contaremos como nuestra generación tuvo de todo gracias al esfuerzo de nuestros padres pero no pudolograr nada por su propio esfuerzo.
*Profesor de secundaria.











