La maldición de España: tener al frente del Gobierno a un peligroso gafe que atrae las peores desgracias hasta los españoles
FR.- Si solo fuera un pésimo gobernante, el drama se solucionaría sustituyéndolo, pero Pedro Sánchez es también un “gafe” mortífero que ha atraído todo tipo de desgracias para España. Ya muchos señalan a Pedro Sánchez como un ser que, además de malvado y mal gobernante, es gafe, una especie de pararrayos que atrae las peores desgracias hasta España, el país del mundo que más ha sufrido con la pandemia del COVID y el que ocupa puestos de liderazgo en casi todas las desgracias: accidentes ferroviarios, viruela del mono, inflación, decadencia, despilfarro, deuda, trata de blancas, fracaso escolar, drogas, dinero negro, impuestos abusivos, precios altos de los combustibles y un largo etcétera.
Muchos ya hablan de «La maldición del sanchismo».
Invasión de Ceuta, accidentes ferroviarios, ruptura con Argelia, Filomena, incendios devastadores, repuntes de la pandemia, inflación, inseguridad en las ciudades y hasta una peligrosa escasez de trabajadores dispuestos a ocupar plazas en la hostelería y la agricultura, dos sectores claves para la economía española.
Tantas desgracias juntas son metafísicamente imposibles, salvo que un peligroso gafe ande por medio.
La maldición del sanchismo: Sánchez es gafe
No hay día que no despertemos con desgracias nuevas. La última: al menos 68 muertos en un grave accidente en Toledo entre dos trenes Iryo y AVE que viajaban hacia Sevilla
La principal explicación del drama español es que Pedro Sánchez es un gafe y que su gobierno está tan maldito y marcado por la desgracia que si dura mucho más acabará con la nación.
Los italianos son los que acusan a Sánchez con más contundencia de ser un portador de «sfortuna» o de «portar iella», como ellos dicen.
No hace mucho estuve en Italia y varios amigos que conservo de mis tiempos de corresponsal en Roma me advirtieron que tuviera cuidado con Pedro Sánchez porque, según ellos, es un «peligroso gafe».
Muchos se han acordado también del expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero, que gobernó durante una terrible crisis económica y también fue tildado de gafe, para apuntillar que Sánchez es aún más gafe.
A juzgar por lo que hace, Sánchez es más que un evidente portador de mala suerte que todo lo que toca lo estropea. Si analizamos el balance de su mandato, la mala suerte del gafe y ciertas altas dosis de maldad están presentes en el mismo gobierno y en su obra, un equipo dividido y convertido en un mosaico de gente y partidos llenos de odio a España. También la «iella» y el mal están presentes en la economía, el endeudamiento, el despilfarro, la desconfianza, la tristeza, la gestión de la pandemia y de una manera especial, en el deterioro general de España y de su peso y prestigio en el mundo.
Sólo un gafe morrocotudo y con el alma emponzoñada puede arrojar un balance tan deficiente: Se ha enemistado con Estados Unidos, sufre el chantaje de Marruecos, la invasión masiva de Ceuta, ha convertido a Estados Unidos en enemigo de España, en la Unión Europea le vigilan, ha gestionado mal la pandemia, tiene problemas con los jueces, ha tenido que negociar cada ley o decisión importante con socios de gobierno desleales, la economía hace imposible que millones de españoles lleguen a final de mes, se le descarrilan los trenes, medio país sospecha que va a intentar el fraude electoral, las sospechas de que reparte de manera arbitraria los fondos europeos son masivas, es derrochador y despilfarrador, es el presidente más rechazado por su pueblo desde Fernando VII y un largo etcétera que incluye acusaciones de corrupción, de haber asesinado la democracia y de engañar y mentir a diario,
Sánchez tiene el país hecho unos zorros, donde pocas cosas funcionan. Las grandes instituciones están secuestradas y el pueblo, lleno de cobardía, soporta abusos del poder y corrupciones que en ningún otro país europeo serían soportadas. La consecuencia es que España avanza al trote hacia el precipicio.
Sánchez tiene el país hecho unos zorros, donde pocas cosas funcionan. Las grandes instituciones están dormidas y el pueblo, lleno de cobardía, soporta abusos del poder y corrupciones que en ningún otro país europeo serían soportadas. La consecuencia es que España avanza al trote hacia el precipicio.










