El desfile del 12 de Octubre debe ser un clamor contra Sánchez
AD.- El Día de la Fiesta Nacional debe ser también una jornada de exigencia democrática contra Pedro Sánchez: respeto a España, rendición de cuentas y libertad para expresar el desacuerdo con el Gobierno.
El 12 de octubre no es propiedad de ningún partido político ni patrimonio particular de ningún presidente del Gobierno. Es una fecha que pertenece a todos los españoles, con independencia de sus ideas, sus siglas o su voto. Precisamente por eso, quienes acudan al desfile de la Fiesta Nacional tienen todo el derecho a expresar, de manera pacífica, su descontento con Pedro Sánchez y con las decisiones de su Ejecutivo, entre ellas la de haber abandonado a Ceuta y a nuestras Fuerzas Armadas con ocasión de la invasión este verano de decenas de miles de marroquíes.
La solemnidad del acto no puede convertirse en una excusa para exigir silencio a los ciudadanos. El respeto a las Fuerzas Armadas, a quienes representan a España y a quienes han dedicado su vida al servicio público es perfectamente compatible con la crítica firme a un Gobierno sujeto a la fiscalización permanente de la ciudadanía.
Ningún presidente está por encima de las preguntas, las críticas ni la exigencia de responsabilidades. La representación institucional no concede inmunidad frente al juicio de la opinión pública. Quien ocupa la Moncloa debe asumir que los ciudadanos tienen derecho a manifestar su desacuerdo cuando consideran que sus decisiones no responden al interés general y atentan contra la soberanía nacional.
El desfile del 12 de octubre representa a una nación plural, con distintas sensibilidades y opiniones. Pretender que esa diversidad desaparezca durante unas horas sería confundir la unidad nacional con la uniformidad política. España necesita ciudadanos libres, capaces de expresar sus convicciones con firmeza y responsabilidad.
Por eso, quienes consideren que la actuación del Gobierno de Pedro Sánchez merece una crítica severa deben hacer oír su voz. La dignidad nacional no puede convertirse en moneda de cambio para garantizar la permanencia en el poder. Millones de ciudadanos españoles consideran que la política de pactos del Gobierno de Pedro Sánchez con fuerzas independentistas ha antepuesto los acuerdos parlamentarios a una visión común de España, alimentando la sensación de agravio y desigualdad entre territorios.
En Ceuta, una ciudad que representa la presencia y la soberanía española en el norte de África, esa preocupación se debe traducir en la exigencia de no quedar relegada ni olvidada. Los ceutíes merecen lo que no les ha dado su gobierno: seguridad, atención, igualdad de oportunidades y un jefe del Ejecutivo que defienda sus intereses con la misma determinación que los de Cataluña y País Vasco. El Gobierno de Sánchez le ha dado la espalda a Ceuta y sus ciudadanos se han sentido solos cuando más necesitaban el respaldo de las instituciones. El desfile del 12 de Octubre debe servir de altavoz a la indignación contra el entreguismo de Sánchez a Marruecos, nuestro principal enemigo.
El 12 de octubre debe ser una celebración de España, pero también un recordatorio de que el poder político tiene límites y de que la ciudadanía conserva siempre la última palabra en las urnas. La Fiesta Nacional recuerda que España es mucho más que cualquier partido y que ningún dirigente puede poner en almoneda su dignidad por un presunto chantaje marroquí.











