La infravalorada fortaleza de Galicia en el corazón de Lourenzá donde se reúnen historia, tradición y buena mesa
Situado a unos cinco kilómetros de Vilanova de Lourenzá, en el corazón del valle de Santo Tomé (Lugo), el Pazo de Tovar se aleja de la imagen típica que asociamos a este tipo de construcciones gallegas. Su apariencia recuerda más a las edificaciones castellanas del Renacimiento que a los clásicos pazos en sillería de granito. Y es que su estructura, íntegramente construida en mampostería de pizarra, le confiere un carácter robusto que remite a su origen militar. El granito, en cambio, se empleó para ciertos elementos propios de una familia adinerada, como los restos de una chimenea que preside uno de los salones. Un hallazgo en la región tan sorprendente como el castillo medieval que guarda un jardín único en España.
Más que un pazo residencial, se trata de una torre defensiva medieval con posteriores ampliaciones. Los orígenes del edificio se remontan al siglo XII, cuando se levantó la antigua Torre de Canedo en una villa amurallada. Ya en el siglo XVI, Antonio de Tovar, gentilhombre de Carlos I, emprendió su reconstrucción para convertirla en una vivienda-fortaleza de dos plantas. La baja estaba destinada al servicio, mientras que en la planta noble residían Antonio de Tovar, su esposa Blanca Pimentel y sus ocho hijos. En sus mejores tiempos, el edificio contaba con cuatro torres; hoy solo se conserva la Torre del Homenaje, de unos 14 metros de altura.
A lo largo de los siglos, el pazo ha estado vinculado a importantes linajes nobiliarios como los Andrade, los Bolaño o los Rivadeneira, cuyos escudos heráldicos aún se conservan esculpidos en fachadas y dinteles.
Este pazo es un destacado ejemplo de la arquitectura gótica isabelina en la región y ha sido declarado Bien de Interés Cultural desde 1949.
MÁS QUE UN PAZO
El Pazo de Tovar es hoy sede del Centro de Interpretación de la Cultura de los Pazos de Galicia, un espacio que permite comprender la historia, la arquitectura y la evolución social de estas construcciones singulares tan características del paisaje gallego. Buena parte de la exposición se centra en la transformación del propio pazo con fotografías que muestran su estado antes de la restauración y detalles curiosos que descubren secretos del pasado, como una alacena granítica escondida tras una pared, que quizá servía para guardar las ganancias de la cosecha o alguna reliquia.
El pazo también alberga exposiciones temporales, como la curiosa muestra dedicada al juguete tradicional gallego, con más de 160 piezas entre las que destacan carrilanas, muñecas artesanas e instrumentos musicales de época.
Además, el Pazo de Tovar forma parte de la Ruta da Faba de Lourenzá, una experiencia que combina patrimonio artístico —como el monasterio de San Salvador de Lourenzá— con paseos por la naturaleza y, cómo no, degustaciones gastronómicas de productos locales.
COCINA TRADICIONAL GALLEGA
En el interior del recinto se encuentra el restaurante O Forno do Tovar, especializado en cocina gallega elaborada con producto local y recetas de siempre. Entre sus platos más destacados están el lechazo de ovella galega y el cochinillo de Porco Celta, dos carnes de razas autóctonas criadas con mimo.
Pero si hay una receta imperdible, son las fabas de Lourenzá, amparadas por la Indicación Geográfica Protegida (IGP) y cocinadas con todo el sabor de la cocina de cuchara gallega. El restaurante también organiza eventos y jornadas gastronómicas, como los dedicados a la Galiña de Mos, una de las razas de gallina más antiguas de la península ibérica, originario de Galicia. Además, la relación calidad precio es muy buena, por lo que es muy recomendable reservar.
Antes de marcharse, conviene detenerse en la pequeña tienda instalada en el antiguo oratorio del pazo. Allí se pueden adquirir productos locales de gran calidad, incluidas, por supuesto, las célebres fabas de Lourenzá. El espacio, con su aire vintage, invita a curiosear sin prisas y a llevarse un pedacito de Galicia a casa.











