¡Por fin!
Francisco Marhuenda.-. Más allá de la propaganda y la falsa euforia de Sánchez y sus seguidores, la realidad es que la convocatoria anticipada de las elecciones generales es la culminación de los fracasos que caracterizan su gestión. Su deseo era agotar la legislatura y que se celebraran en julio, pero la contundente derrota de los decretos de vivienda en el Congreso de los Diputados ha sido el colofón de su declive. Es el primer presidente que es incapaz de presentar unos Presupuestos y que, a pesar de este grave incumplimiento de la Constitución, ha seguido gobernando sin importarle otra cosa que seguir en La Moncloa. Se le recordará, también, por los graves escándalos que han afectado a su Gobierno, su partido y su familia. El primero al que le condenan a su hermano, su fiscal general del Estado, su exsecretario de Organización y que tiene a su esposa pendiente de ser juzgada. Es probable, también, que su partido sea imputado. Es curioso que podamos aplicar el refrán popular de «quien a hierro mata, a hierro muere», aunque es una recreación de la frase de Jesús a Pedro en el huerto de Getsemaní: «Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que tomen espada, a espada perecerán».
Sánchez consiguió la presidencia con una moción de censura basada en mentiras y con un discurso defendiendo la regeneración y el feminismo. Al final, ni lo uno ni lo otro son banderas que pueda utilizar gracias a la corrupción, la prostitución y los oscuros negocios de su suegro. Y necesitó comprar los diputados de Puigdemont con la amnistía, que decía que era inconstitucional, para ser investido presidente esta legislatura que concluye. La paradoja es que su voto en contra de los decretos ha acabado con él. Es normal que el sanchismo político y mediático se movilice porque, como me gusta recordarle, se juega mucho dinero y cargos. Estamos ante una campaña electoral que será muy sucia y que comienza con enviar a la Diputación Permanente los decretos que rechazó el Congreso. Una vez más, irrumpe el Sánchez tramposo y mentiroso, incapaz de aceptar un resultado democrático. Es lo mismo que ha intentado con la llamada ley de nietos, que es el mayor chanchullo e intento de fraude electoral de la historia de la democracia en el mundo.











