Histórica jornada de protesta: El desperar patriótico y la conciencia crítica toma las calles contra un gobierno anegado de corrupción
Fraguas.- La mañana del sábado en Madrid ha recordado a aquellas grandes manifestaciones que una vez inundaron la capital con una marabunta de gente descontenta. Y, harta de desmanes políticos y de decisiones antojadizas del Gobierno, ha decidido salir a gritar a sabiendas de que a los de arriba por un lado les entra y por otro les sale. Así fueron aquellas concentraciones. Lo de esta en particular trae un tinte amargo que aportan los taninos de los ladrones que se llevan el rédito de nuestro esfuerzo diario. Un ladrón es un ladrón, milite donde milite.
Cuando un gobierno que jura o promete gobernar para todos los españoles termina haciéndolo solo para su arco ideológico, incluso a beneficio personal, crea una herida en la parte desatendida que se da cuenta del expolio.
Esa herida es la que se vio ayer en Madrid. Una inmensa cicatriz que, vista desde el cielo con las banderas de España, recordaba con el rojo a la sangre de la Nación y con el amarillo al pus de la infección que soporta gracias a los parásitos que tanto proliferan por Moncloa.
Se podrá decir que solo ha ido la derecha a la Marcha Por La Dignidad. ¿Y si es así, qué? La derecha es tan parte de la Nación como la izquierda. Tiene los mismos derechos, pues se los gana a la misma hora del amanecer y los alimenta en los mismos supermercados con los mismos sueldos.
Cuando oigan a Sánchez o a cualquiera de los amigos del supuesto corrupto y ladrón Zapatero hablar en este sentido, comprenderán su naturaleza desleal con España. Desoír a un solo ciudadano con una reivindicación al Estado es una falta al compromiso moral de cualquier ejecutivo; desoír a cien mil almas hartas de chulos no es falta de compromiso: es deslealtad, traición a su palabra y traición a la Nación.
La Nación Española, o sea, los ciudadanos españoles, en conjunto son furtivos de la academia, de la cultura, de la intelectualidad, del compromiso político y de todas las bondades que visten a un ciudadano preparado. Las naciones se miden con otra vara: se miden por la inteligencia natural de los pueblos.
España no necesita que ningún juez diga si el cejas de los cojones es culpable o inocente. La Nación ya lo sabe. La Nación Española no necesita que el telediario nos diga si las elecciones son fraudulentas; España ya lo sabe.
Lo que no saben los políticos ni los lacayos lamebotas que les aplauden es que nos jode a todos —me incluyo por nacionalidad— y nos pisa la dignidad y nos deja como sarnosos gusanos que un grupo de medios felones, activos en la felatio al poder, nos alumbre con la contraria a lo que todos pensamos. No engañáis a nadie. Ya no.
He formado parte de la marcha muy cerca de Alvise Pérez. No he visto a marqueses, no he visto a coroneles ni a gente de marca guay en el polo. De esos los hay a puñados en el PSOE, pero llevan el lujo en la camiseta de adentro. Porque donde no hay dignidad se compra el qué dirán y se visten con él; pero por dentro todos llevan lo que son. No es casualidad que los calzoncillos Calvin Klein sean los más vendidos en España.
Durante las dos horas y media de marcha, cientos de ciudadanos se acercaron a saludar a Alvise Pérez; no esquivó ningún saludo. Chicas jóvenes, chicos informales, gente madura y todos indignados. ¿Qué clase de persona soporta esa presión constante con la misma sonrisa y soltura durante todo el tiempo? Pues la persona que al final de la marcha, y en la compañía de los suyos, se le comprende exhausto, agotado y sin voz.
Alvise terminó en el Arco de la Victoria con un discurso a su gente, que fueron miles. Apeló a la hermandad de todos. Elogió el comportamiento natural de la gente cuando la Nación es natural. Habló de los colores de España, los únicos que existen: el rojo y el amarillo. Denunció la indignación del pueblo y avisó de su soledad. Terminó con la esperanza de que el bien siempre triunfa. Y en la intimidad, con una señora que lo bendijo y le recordó el amor de Dios, Alvise le respondió que era consciente de que esto se trata de una lucha espiritual.
Por otra parte y por no alargar más, amado lector, es necesario poner una etiqueta justa a la organización de la marcha. Ni un solo disturbio en los kilómetros de marcha. La compostura sosteniendo la bandera de la gente libre, la bandera de los españoles; esa que, a pesar de corrupciones, atentados, gobiernos infames, invasores o dictadores, jamás fue derribada. De las tripas y de la sangre nació. Con esas mismas armas vivirá siempre.
Hoy tres asertos, amado lector. Permítame:
SE ACABÓ LA FIESTA
VIVA ESPAÑA Y…
AVE MARÍA PURÍSIMA.











