Narcotráfico y violencia: la fórmula de la izquierda en Bolivia, México y Colombia

Manifestantes se enfrenta con la Policía durante una protesta, en la que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz este lunes, en La Paz
Arturo McFields Yescas.- La izquierda del siglo XXI tiene una relación muy cercana con el narcotráfico. Reparten abrazos y no balazos, mientras financian protestas violentas en Bolivia o apoyan campañas electorales como en México y Colombia.
Bolivia vive un intento de golpe de estado auspiciado por el cocalero Evo Morales. Más de 22 bloqueos en carreteras, 500 millones de dólares en pérdidas y una inversión de 380 millones de dólares de la empresa Coca Cola que ya no volverá.
Aunque la protesta dice tener un sustento legítimo, la destrucción de Bolivia es ilegal. Evo Morales llama a protestar por combustible y alimentos, cuando durante 20 años promovió un modelo pobre-cista corrupto que pulverizó la economía.
Países valientes han dicho basta a los abusos golpistas de Evo Morales. Argentina, Chile, El Salvador, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú, respaldaron al gobierno constitucional de Bolivia.
Brasil, México y Colombia esconden su cabeza y son cómplices de Evo Morales. Mientras Lula es ciego y mudo ante la destrucción del estado de derecho en Bolivia, México siempre ha celebrado y protegido incondicionalmente al líder cocalero.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha aplaudido la violencia y destrucción en Bolivia. “Bolivia vive una insurrección popular. Es la respuesta a la soberbia geopolítica”, dijo Petro en un vergonzoso y miserable mensaje.
Estados Unidos dio su apoyo total al gobierno de Rodrigo Paz. “Condenamos todas las acciones destinadas a desestabilizar al gobierno democráticamente elegido de Rodrigo Paz y lo apoyamos en sus esfuerzos por restablecer el orden en aras de la paz, seguridad y estabilidad”.
Estados Unidos, que ha renovado su relación con Bolivia, destacó que los disturbios violentos y los bloqueos masivos, han provocado una crisis humanitaria, causando escasez de medicamentos, alimentos y combustible. Lamentable.
Mientras Evo Morales siga libre… la violencia, el robo, el narcotráfico, la destrucción de la propiedad pública y privada de Bolivia seguirá amenazada. Morales debe ser extraditado y enviado a una prisión federal en Brooklyn, New York.
El gobierno de Rodrigo Paz debe pararse firme. Con el socialismo no se negocia, ni se pacta. No. La democracia en Bolivia costó demasiado para entregarla al narcotráfico violento de Evo Morales y sus sindicalistas prepagos.
El presidente Paz ha reintegrado a Bolivia a la escena mundial, el BID, FMI, Banco Mundial y ahora la alianza Escudo de las Américas. Sumado a esto, ha restablecido relaciones con Israel y fortalecido su vínculo con Estados Unidos.
Con la llegada de Rodrigo Paz, Bolivia rompió los acuerdos de seguridad y defensa con Irán y reabrió la cooperación e intercambio con Estados Unidos y la Administración de Control Antidrogas (DEA).
La verdadera razón por la que Evo Morales está enfurecido y quiere dar un golpe es por la reactivación de la cooperación de Bolivia con la DEA, tras 18 años de ausencia. Si no hay drogas tampoco hay socialismo en Bolivia.
América Latina no puede seguir guardando silencio. Los abusos, los crímenes y la violencia del socialismo del siglo veintiuno, y de cualquier siglo, no pueden ser tolerados. La libertad, seguridad y prosperidad del hemisferio se está jugando en Bolivia. No lo permitamos.











