¿Puede un tipo con esta cara llamarle “moruno” a alguien?
AR.- Querido Santiago Abascal: una duda estética (y política):
Hay cosas en política que cuesta entender, pero otras directamente desafían la lógica más básica. Entre ellas, su célebre referencia a Juanma Moreno como “moruno”. No tanto por la palabra en sí —ya cargada de historia y connotaciones—, sino por quién la pronuncia y desde qué espejo.
Porque, verá, señor Abascal, cuando uno lanza etiquetas sobre el aspecto o el supuesto origen de otros, inevitablemente activa un juego peligroso: el de las comparaciones. Y en ese terreno, la genética imaginada suele volverse caprichosa, incluso traicionera.
Es muy atrevido que usted llamase “moruno” a Juanma Moreno cuando su fenotipo estaría mucho más cerca de Abdelraman III que de Blas Infante. Usted encajaría fácilmente con esa descripción peyorativa en cualquier país centroeuropeo. Porque usted sería a un europeo de pura cepa lo que un plátano a una manzana.
Y es que, si nos ponemos a jugar a ese mismo juego superficial, los criterios se vuelven tan arbitrarios que cualquiera podría acabar siendo etiquetado según el observador de turno.
Y ahí está la ironía: tachar a otro de “moruno” con esa barba semita perfectamente calculada, esa fez aceitunada y esa mirada de vendedor ladino en una kashba, no solo es ridícula, sino profundamente incoherente. Pero hay más: Abascal —quien paradójicamente porta un apellido árabe— parece ignorar que “Abascal” proviene de “Khal Abbas”, es decir, “tío Abas”, siendo Abbas, por consiguiente, un nombre de fuerte arraigo ‘moruno’.
Porque, al final, señor Abascal, el problema no es quién se parece más a quién. El problema es insistir en mirar a los demás con una lupa que, si se gira, también podría apuntar hacia uno mismo.
Quizá el problema no sea que usted haya llamado “moruno” a Juanma Moreno, sino esa alianza estratégica que usted tiene con Pedro Sánchez y que resulta, como mínimo, contradictoria y difícil de justificar ante sus propios votantes. Y eso no hay chiste malo que lo pueda tapar.













Comparar a Abascal con Abdelraman III, por su aspecto físico, es un patinazo de nota. Precisamente el último de la dinastía de los Omeya, ya califa, no es moro, si saben de donde viene lo de moro, y es más, por él corría sangre vascona, sobrino de la Reina Toda de Pamplona.
Nota del administrador: Mejor nos lo pone. Es decir, que hasta Abdelraman III tenía menos rasgos ‘morunos’ que Abascal. Pùes qué tranquilo se queda uno.
Ambos son “narigudos”
Es curioso el aspecto semítico que tiene Abascal. Es de ascendencia gallego y cántabro, pero pudiera pasar perfectamente por este tipo de árabes/levantinos blancos como sirio o algo asi.
1/2 Gallego, 1/4 Cantabro y 1/4 Vasco para ser mas exacto.
No pasa nada, le va a lamer el culo al tío Donald y todo solucionado.
Se lo lame sobre todo al otro líder que le creó el partido
Increíble pero tiene un gran parecido a un Bereber norteafricano. Solo hay que fijarse en la mandíbula y en la forma de su rostro
Aba y Abde son idénticos.
A la hora de la verdad todos los políticos (de derechaizquierdaindependentistas) nos traicion