Rocío Pérez Vicioso (PP Castilla-La Mancha): “Antes de entrar en política, ya había construido una vida profesional sólida, con independencia económica y un sentido claro de propósito”
Fernando Villena (Especial para AD y Suite Información).- Se trata de uno de las figuras emergentes del PP castellanomanchego. Farmacéutica de profesión y portavoz popular municipal en el Ayuntamiento toledano de Casarrubios del Monte, en manos de un alcalde y diputado nacional sanchista, Rocío Pérez se ha ganado un acrisolado prestigio entre las bases por servir a los vecinos, recta y eficazmente, con sencillez y elegancia, en múltiples tareas, no solamente la política.
Durante la dana de 2023, que en Casarrubios, tuvo efectos devastadores, permaneció a pie de calle, como una voluntaria más, ayudando a decenas de damnificados del municipio. En Rocío Pérez todo es compromiso ético con los valores del humanismo cristiano a los que se aferra como su principal razón existencial.
Por si fuera poco, su concepción de la lealtad inspira mucho respeto. Rocío Pérez es leal a sus principios, que para ella significa significa actuar con integridad, coherencia y firmeza, manteniendo los propios valores y convicciones incluso ante la adversidad, las dificultades o la presión externa.
Apasionada de las sevillanas y en general de la cultura andaluza, la dirigente popular cree imperativo que Casarrubios del Monte y el sanchismo rompan su actual consorcio tras las próximas elecciones municipales. Defiende también con firmeza que la gestión es la herramienta ejecutiva que operativiza las decisiones políticas para resolver problemas ciudadanos. De ahí que le resulte extraño ver cómo la mayoría de cargos públicos afiliados al sanchismo nunca antes gestionaran nada. “La política es gestión”, insiste una y otra vez.
Ni sus más declarados enemigos políticos serían capaces de recordarle un mal gesto, una mala palabra, una reprobable acción. Por eso, para denostarla políticamente, tienen que recurrir al pobre argumento de cuestionar su arraigo en el municipio, fiel al estilo garbancero que caracteriza al sanchismo en sus múltiples expresiones. De este y otros asuntos hemos hablado con ella.
– ¿Qué le respondería a quienes dicen que no es “del pueblo”?
Con todo respeto, eso es absurdo. La política no es un concurso de vecindario ni una competición de quién vive más cerca de la plaza principal. Llevo años trabajando con los vecinos, escuchando sus problemas y presentando soluciones reales; los que se escudan en eso buscan desviar la atención de sus propias limitaciones. ¿Acaso un médico debe vivir en una consulta para ser buen profesional? ¿Un profesor en un aula para enseñar bien? Pues lo mismo se aplica a quienes queremos gestionar con eficiencia.
– Sostienen desde el partido sanchista que no conoce los problemas locales a fondo.
Conozco los problemas de Casarrubios del Monte mejor que muchos que llevan toda la vida aquí. Lo que ocurre es que algunos prefieren insultarme antes que hablar de la decadencia que sus políticas han creado.
– ¿Cree que estos ataques son más personales que políticos?
Creo que responden al miedo. Cuando una opción política presenta propuestas serias, distintas y centradas en soluciones reales y en generar empleo y riqueza, algunos recurren a lo personal porque no encuentran argumentos sobre políticas. Pero yo no voy a responder con ataques personales, sino con trabajo, con proyectos y con hechos que mejoren la vida de la gente de Casarrubios..
¿Cómo va a demostrar que es la candidata adecuada en un municipio con una vastísima red clientelar?
Con hechos. Vamos a modernizar los servicios, apoyar al comercio local, convertir el municipio en la capital turística de La Sagra, mejorar las comunicaciones con Madrid y la atención sanitaria a los casarrubieros, crear oportunidades para los jóvenes, incentivar la llegada de empresas, bajar los impuestos y asegurar que los vecinos vivan mejor. Mientras otros me insultan, yo elaboro planes que realmente cambian la vida de la gente.
– A qué se debe la paradoja de que el PP arrase en las elecciones generales y autonómicas en Casarrubios y pierda luego en las municipales?
La red clientelar creada por el partido sanchista trasciende la gestión pública para instalarse en la vida cotidiana del municipio. A través de la asignación discrecional de empleos, contratos y ayudas sociales, el alcalde logró tejer una estructura de dependencia en la que numerosos ciudadanos quedaban vinculados a su figura. Este entramado no solo le aseguró apoyo político y electoral, sino que también dificulta la crítica y la oposición, al convertir los derechos en concesiones personales. Con el tiempo, la red clientelar erosiona la transparencia institucional, debilita los mecanismos democráticos y fomenta una cultura de silencio y complicidad, donde el interés colectivo queda subordinado a la permanencia del poder local.
– ¿Y qué le diría entonces a quienes cifran sus expectativas personales en el mantenimiento de esa red clientelar?
Les diría: observad las ideas, las propuestas y los resultados. Estoy aquí para Casarrubios del Monte, con respeto, ganas y compromiso. Y voy a demostrarlo con hechos, no con palabras vacías. Mi compromiso no se mide por lo que digan los del pesebre sanchista, que me han convertido en el objetivo de sus dardos envenenados, sino por la dedicación, el trabajo y los resultados que voy a traer a este municipio y a todos sus vecinos, independientemente del partido al que voten o de las ideas que profesen.
– ¿Considera una ventaja que, a diferencia de la mayoría de cargos públicos vinculados al sanchismo, sea usted una profesional de éxito que no necesita de la política para vivir?
Siempre me consideré una servidora pública que rompe el molde tradicional del político dependiente del cargo. Antes de entrar en la arena política, ya había construido una vida profesional sólida, con independencia económica y un sentido claro de propósito. Para mi, la política no es un medio de subsistencia, sino una forma de servicio.
– ¿Le proporciona ello una perspectiva distinta?
Totalmente. Al no estar condicionada por la necesidad de conservar mi puesto a toda costa, puedo tomar decisiones con mayor libertad y, en teoría, con mayor coherencia respecto a mis principios. Mi motivación principal no gira en torno a la permanencia en el cargo, sino al impacto real de mis acciones en la sociedad.
Frente a quienes han hecho de la política una profesión, las personas que no necesitamos de ella para vivir representamos la posibilidad de una gestión más ética, más libre y más centrada en el bien común.












