Historia del Cristo de Mena: por qué lo traslada la Legión en la procesión de Málaga
Hay una estampa que se repite cada Jueves Santo en Málaga y que pocos quieren perderse. Miles de personas abarrotan las calles del centro y el puerto para ver a la Legión desembarcar, formar y marchar a paso ligero, a 160 pasos por minuto, hasta la plaza de Fray Alonso de Santo Tomás. Allí les espera el Cristo de la Buena Muerte, al que muchos llaman, sencillamente, el Cristo de Mena.
Pero, ¿qué hace un cuerpo de élite del Ejército español acompañando a una imagen religiosa? La respuesta está en una historia que comenzó hace casi un siglo, tejida a base de fe, sacrificio y un profundo respeto mutuo entre los legionarios y los malagueños. No es una tradición cualquiera; es un vínculo que ya se ha vuelto consustancial a la Semana Santa de la ciudad.
Un protector para el Tercio
El origen de esta unión se remonta a 1928. Por aquel entonces, los mandos del recién creado Tercio de Extranjeros, que regresaban de la guerra de África, visitaron Málaga. Allí entraron en contacto con los directivos de la Congregación de Mena y les hicieron una petición que marcaría la historia: que el Cristo de la Buena Muerte se convirtiera en protector de las tropas.
La solicitud fue bien recibida por la cofradía, y desde entonces la presencia militar se integró en la procesión. Poco después, en 1931, se instauró la primera guardia legionaria ante la imagen en la capilla de Santo Domingo. Desde el Domingo de Ramos hasta el Miércoles Santo, los legionarios velan el sueño del crucificado, sustituyendo a los congregantes en una tradición que sigue emocionando a miles de visitantes.
La llama que resurgió de las cenizas
Hubo un momento en que esa historia pudo haber quedado truncada. En mayo de 1931, tras la proclamación de la Segunda República, una oleada de violencia anticlerical asoló Málaga. La parroquia de Santo Domingo fue asaltada y el Cristo original, una obra del granadino Pedro de Mena y Medrano tallada en el siglo XVII, fue pasto de las llamas.
El artista Francisco Palma García logró salvar una pierna de la talla, pero la imagen quedó destruida. Sin embargo, la devoción no murió. En 1942, su hijo Francisco Palma Burgos esculpió un nuevo Cristo inspirándose en el anterior. La obra, que costó 30.000 pesetas sufragadas por los congregantes, fue bendecida y volvió a procesionar. Aunque no es una copia exacta, el pueblo la sigue llamando «Cristo de Mena» en memoria del original.
Obra maestra de la escultura barroca española, máxima expresión de la genialidad de Pedro de Mena y todo un símbolo para la Legión, la imagen del Cristo de la Buena Muerte y las Ánimas sufrió el odio anticristiano y sectario de las izquierdas en 1931, durante la ola de quema de iglesias y conventos con la que la República irrumpió en España. La que se venera hoy y sale en procesión en la Semana Santa de Málaga es una excelente reproducción, que no una réplica, pues entre la original y la actual hay grandes diferencias.
Obra maestra de la escultura de la mano Pedro de Mena, todo un símbolo para la Legión.Cofradía de Mena
Un vínculo que se oficializa
La relación entre la Legión y su protector se fue estrechando con los años. En 1943 se oficializó la tradición de que un grupo de legionarios portara la talla a pulso durante el Jueves Santo, y desde 1960 cada acuartelamiento legionario cuenta con una réplica de la imagen, que preside sus actos más solemnes.
El punto culminante llegó en el año 2000, cuando el arzobispo castrense de España, monseñor José Manuel Estepa Llaurens, firmó el decreto que nombraba oficialmente al Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas como protector de la Legión Española. Lo que hasta entonces era una devoción arraigada se convertía en un lazo oficial e inquebrantable.
Horas de ensayo por una tradición
Detrás de la marcialidad que lucen en las calles hay mucho trabajo silencioso. Como explicaba recientemente una dama legionaria, los militares se preparan durante «cuatro semanas» para este acto. «Son muchas horas de sacrificio, pero todo se hace con mucha ilusión», confesaba.
Este año, entre los asistentes al traslado no faltaron rostros conocidos. El actor malagueño Antonio Banderas, legionario de honor, reconocía que la Semana Santa le permite «reencontrarme con mi ciudad». Y el presidente de la Junta, Juanma Moreno, aseguraba que vivirlo en directo es «algo que te llena, emociona y conmueve».
La noche del Jueves Santo
El momento más esperado llega con la procesión vespertina. La Legión marcha detrás del trono del Cristo, sin perderlo de vista, mientras las calles retumban con los acordes de ‘El Novio de la Muerte’. No es el himno oficial del cuerpo, pero se ha convertido en su seña de identidad más emotiva.
El capitán Sergio Domínguez Sierra, jefe de compañía de la Legión, lo resumía así el año pasado: «Cuando uno lleva desfilando seis u ocho horas es cansado, pero cuando vas pasando por diferentes sitios y ves a la gente ovacionando al Cristo, se pasa rápido gracias al apoyo de la gente». Esa es, al fin y al cabo, la magia de esta historia centenaria.












