Abascal, el caudillito de Amurrio, entra en fase de purgas: Vox abre expediente a Espinosa de los Monteros para expulsarlo del partido
Fernando Villena.- Hay algo profundamente revelador en la forma en que un líder gestiona la discrepancia interna. No se trata solo de disciplina, ni de estrategia, ni siquiera de supervivencia política: se trata de carácter y de modelo de poder. Y lo que está ocurriendo en Vox bajo la dirección de Santiago Abascal apunta a una deriva inquietante, donde la discrepancia no se gestiona, sino que se extirpa.
El partido ha dejado de ser una organización política reconocible para convertirse en un espacio cada vez más cerrado, donde la lealtad personal parece pesar más que el debate de ideas. Dirigentes relevantes, algunos de ellos fundamentales en la construcción inicial del proyecto, han sido apartados, señalados o directamente empujados a la salida. No por errores políticos evidentes ni por derrotas electorales, sino por algo más difícil de justificar: el simple hecho de no alinearse sin matices con la dirección.
Este patrón no es anecdótico. Es sistemático. Cuando una organización política entra en esa dinámica, deja de funcionar como un partido para convertirse en una estructura de poder personalista. La purga —porque no hay otra palabra más precisa— se convierte en herramienta de gobierno interno.
El problema no es solo ético, lo es sobre todo político. Un partido que elimina a quienes discrepan se empobrece intelectualmente, pierde capacidad de adaptación y acaba rodeándose de perfiles dóciles, no necesariamente competentes.
Más preocupante aún es la opacidad que rodea estas decisiones. No hay explicaciones claras, ni procesos transparentes, ni rendición de cuentas ante los afiliados ni ante los votantes. Todo ocurre en una especie de penumbra organizativa donde las decisiones se anuncian, pero rara vez se argumentan. Y en política, lo que no se explica, se deteriora.
Abascal ha optado por un modelo en el que el control absoluto se considera una virtud. Pero la historia política está llena de ejemplos que demuestran lo contrario: los liderazgos que temen la discrepancia acaban debilitándose, porque confunden unidad con unanimidad y autoridad con imposición.
Lo paradójico es que este proceso no solo afecta a los dirigentes que salen, sino también a los que se quedan. Porque el mensaje es claro: cualquiera puede ser el siguiente. Lo peor es que cuando ese clima se instala, lo que se resiente no es solo la convivencia interna, sino la credibilidad externa.
Un partido político no es una empresa privada ni un proyecto personal. Es, o debería ser, un espacio de representación colectiva donde las ideas compiten, evolucionan y se contrastan. Cuando ese espacio se cierra o cuando la discrepancia se castiga y las decisiones se concentran en un núcleo reducido sin control, lo que queda es una estructura cada vez más frágil, aunque aparente fortaleza.
Las purgas pueden dar una sensación momentánea de orden. Pero a medio plazo, erosionan lo más importante que tiene cualquier organización política: su capacidad de pensar, de debatir y de corregirse.
Y eso, más que cualquier rival externo, es lo que realmente pone en riesgo el futuro de Vox.
Vox abre expediente a Espinosa de los Monteros para expulsarlo del partido
El exportavoz de Vox en el Congreso Iván Espinosa de los Monteros ha informado este jueves de que el partido liderado por Santiago Abascal le comunicó el pasado lunes una apertura de expediente para expulsarle de la formación.
A través de un mensaje en X, el ahora presidente del centro de pensamiento Atenea, creado por él mismo, ha explicado que el lunes pasado, sobre las 20:30 horas, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, convocó elecciones anticipadas. Dos horas y media más tarde, a las 23:01, añade, Vox le comunica que le abre expediente para expulsarle del partido.
El pasado día 18 un grupo de exdirigentes de Vox, encabezados por Espinosa de los Monteros, difundieron un manifiesto en contra de la dirección nacional liderada por Abascal en el que exigían la convocatoria de un congreso extraordinario “con plazos suficientes y reglas claras”.
“Es hora de abrir el debate sobre el futuro de Vox”, afirmaban los firmantes del manifiesto, entre los que estaban también el diputado y exsecretario general de la formación Javier Ortega Smith, el exvicepresidente del partido Víctor González Coello de Portugal y el expresidente en Murcia José Ángel Antelo, entre otros.












