Si fuesen mahometanos votarían «sí»
Luis Ventoso.- En un gesto digno de aplauso, el Congreso ha aprobado una moción en defensa de los cristianos perseguidos y masacrados. Se trataba de una acertada iniciativa del PP, que salió adelante con el apoyo de Vox frente a una despectiva abstención del PSOE y todos sus socios, incluidas algunas formaciones nacionalistas a las que durante mucho tiempo se les presuponía un alma católica (aunque visto su comportamiento, en especial con las víctimas de ETA, me temo que nunca la poseyeron).
Esta buena noticia ha pasado desapercibida en los periódicos españoles, con algunas excepciones que se preocupan en serio por los católicos, sus valores e intereses (y no es publicidad, es un hecho). El rodillo de ingeniería social del PSOE ha operado durante tantas décadas y de una manera tan eficaz que al final impregna a muchísimos comunicadores que aparentan estar en sus antípodas, pero que en temas morales piensan exactamente igual que la izquierda y abrazan encantados su subcultura de la muerte, su pisoteo de la familia tradicional, su cargante corrección política, su liturgia lingüística y sus tics woke.
Los cristianos son, por desgracia, la religión más perseguida del planeta. El año pasado fueron asesinados 5.000. Pero resulta que el PSOE y sus socios son incapaces de apoyar una moción que llamaba a reforzar la acción diplomática española en su defensa, que abogaba por la libertad religiosa y que pedía que los acuerdos internacionales de España incluyesen una alusión a la protección de las minorías cristianas allá donde sufren persecución.
En un país de mayoría católica, el PSOE, los comunistas y los separatistas despejaron la propuesta con una abstención displicente y acusando a PP y Vox de «electoralismo» y de ignorar a otros credos. Huelga decir que si se tratase de una moción en defensa de los mahometanos, la suscribirían con entusiasmo y acusarían de «ultras» e «islamófobos» a quienes no la apoyasen.
¿Qué subyace detrás de todo esto? Pues que existen dos maneras de ver la vida claramente opuestas. Una que defiende nuestra herencia cristiana y sus valores y otra que aspira a demolerlos en nombre de una nueva fe egotista y resentida, que en estruendosa paradoja denominan «progresismo». Por eso es de aplaudir que el PP se haya sacudido su frecuente empanada de complejos ante la izquierda y haya presentado esta moción. También es positivo el entendimiento al respecto de PP y Vox, que encaja con la colaboración entre ambos que desean la mayoría de los votantes de los dos partidos.
El PP tiene que reforzar su posicionamiento ideológico para ofrecer una esperanza alternativa a la de la ingeniería social de la izquierda. Y a Vox le conviene poner un poco de orden en su caseta. Gallardo, exvicepresidente de Castilla y León por la formación, lanzó ayer acusaciones de calado contra Abascal y su partido, ante las que el líder de la formación podría anunciar acciones legales, o al menos negarlas tajantemente.
Ambos tienen que mejorar y entenderse para dejar atrás esta turbulenta página que llamamos sanchismo. A los partidos que nos mal gobiernan les da repelús algo tan honorable como defender a los mártires cristianos, mientras se rasgan las vestiduras muy dolidos ante las patochadas histriónicas de una tal Santaolalla, irrelevante tertuliana de verbo flamígero y cierta anemia intelectual, que se le irá curando con los años si estudia un poco más y habla un poco menos.












