Sanlúcar la Mayor y Calerito nos devuelven el sabor del toreo
Manuel Recio Abad.- La localidad sevillana de Sanlúcar la Mayor ha tenido el privilegio de abrir la temporada taurina en Andalucía con una corrida en la que se lidiaron seis toros de Herederos de José Luis Osborne, terciados, de escasa fuerza los cuatro primeros, todos nobles y con fijeza en los engaños, por los matadores Alfonso Oliva Soto, Francisco Lama de Góngora y Juan Pedro García “Calerito”. En tarde primaveral con algo de calor en los tendidos de sol y viento en calma, ¡¡por fin !!, rozando el lleno, se inició el paseíllo a las 16,30 h. con puntualidad maestrante.
El primero de la tarde correspondía al diestro camero Alfonso Oliva Soto, de nombre “Sabiondo”, negro, noble, pero con las fuerzas justas para ir y venir. La cabaña de bravo está sufriendo en el campo un episodio durísimo de lluvia y frío y eso genera mala alimentación y problemas en el aparato locomotor. La humedad y el barro continuados ablandan y agrietan las pezuñas de los animales. Esto deriva en cojeras, infecciones graves y debilidad en sus extremidades.
Oliva Soto lo recibió a porta gayola usando el capote de paseo, suerte que el matador de toros Felix Rodríguez solía realizar en los años veinte del siglo pasado. No estuvo en su forma de hacer el toreo con un toro que pedía a gritos la media altura y más cercanía tras cada pase. Algunos naturales para recuerdo de tiempos pasados y media estocada que resultó suficiente. Premio de una oreja al esfuerzo y entusiasmo.
El segundo de la tarde marcado con el número 48 obedecía al nombre de “Revoltoso” un precioso jabonero con peso, noble y con fijeza pero falto de fuerza. Perdía las manos con facilidad y Lama tuvo que tomar precauciones para no ver al pupilo de Osborne tumbado en el albero. Fácil con el capote llevando a su oponente al caballo por chicuelinas. Buen segundo tercio con dos excelentes pares de banderillas. Faena algo excesiva en el tiempo con la muleta, en la que consiguió algunas tandas de mérito por ambos pitones. Pinchazo, aviso y descabello. Una oreja.
Había expectación en los tendidos por ver de nuevo a “Calerito”. Sus seguidores le son fieles y le siguen allá donde torea. Juan Pedro realiza un toreo para él y lo comparte solo con los buenos aficionados, por cierto una especie en extinción. Cita y se queda en su sitio tirando del toro con mano baja hacia atrás y colocándose en el lugar perfecto para ligar el siguiente muletazo con naturalidad y sin hacer el muñeco. El problema estuvo en el número 16, “Generoso”, un colorao, ojo de perdiz, que aportó nobleza y falta de fuerzas a partes iguales, pero al que no obstante sacó dos tandas de excelentes naturales. Buenos lances de recibo con el capote y desfonde tras salir del peto. Se fue apagando y poco pudo hacer Juan Pedro con “Generoso”un toro algo cicatero, que al inicio de la faena de muleta había brindado a su compañero de terna Lama de Góngora. Mató de estocada y descabello. El presidente no atendió la petición del público negándole una oreja. Vuelta al ruedo.
Voluntad y empuje puso Oliva Soto en el segundo de su lote, número 62, un negro “Insigne”, engatillado y cuesta arriba, que salió con fuerzas pero se fue apagando tras recibir un primer y único puyazo. Fue una faena de menos a más con alguna tanda de interés, con poderío, malograda con la espada. Dos pinchazos y estocada. Ovación.
No hay quinto malo, se decía en la época en la que era el ganadero quien hacía los lotes y decidía el orden de lidia de sus productos. Se cumplió el dicho y saltó al ruedo el mejor toro de la tarde, “Novelero”, número 78 de la camada, negro y con trapío. Un toro noble y bravo que sería distinguido con una muy aplaudida vuelta al ruedo en el arrastre. Temple y ligazón en la faena de Lama de Góngora, si bien fue el astado quien decidió siempre en qué lugar le tenían que hacer la faena, por cierto larga en exceso. Mató al segundo intento; el toro hizo por el matador al que había desarmado previamente al entrar a matar y resultó prendido sin consecuencias. Dos orejas tras sonar un aviso. Alguien debería cronometrar sus faenas desde el callejón.
Y por fin llegó lo mejor de la tarde. En sexto lugar salió por la puerta de chiqueros “Ardiente”, un astifino negro, listón , meano con el número 40 en el costillar. Un toro serio, engatillado que hacía recordar a los de encaste Saltillo. Un toro serio, bravo y pronto en la embestida, arrancándose siempre de lejos en el último tercio. Juan Pedro lo entendió a la perfección, iniciando su faena de rodillas en los medios con pases cambiados por la espalda. Cuando mejor estaba toreando “Ardiente” lo prendió metiéndole su pitón derecho por el interior del chalequillo manteniéndolo en el aire durante unos segundos que se hicieron eternos y presagiaron lo peor. Todo quedó en un susto. Dolorido y una vez repuesto, Calerito volvió a la cara del toro para bordar el toreo. El público de pie contempló absorto como se cuajaba una faena llena de temple y mando que los asistentes jalearon sin descanso. Mató de una gran estocada y respetó la lenta agonía del de Osborne que murió como saben morir los toros bravos. Dos orejas para el de Aznalcollar que con este éxito, ha conseguido provocar una pregunta: por qué motivo no está “Calerito” en los carteles de la Feria de Abril de Sevilla. No se ve torear así, con esa lentitud y temple todos los días.
Lama de Góngora y Juan Pedro Garcia “Calerito” salieron a hombros por la puerta grande.











