Cambiar para que nada cambie: Doi Moi a la venezolana
Javier Nieves Brizuela.- La Doi Moi fue el gran giro de apertura económica de Vietnam en 1986. Traducida al español, la frase significaría algo así como «renovación». Pero manteniendo un férreo control del poder político a través del Partido Comunista Vietnamita, único partido aceptado.
Esta parece ser la estrategia de los hermanos Rodríguez en Venezuela: dejar que la Administración Trump consiga sus objetivos económicos mientras ellos también se benefician y ganan tiempo para perpetuar su dominio del poder político.
Y la experiencia histórica vietnamita parece venir en su auxilio.
Recordemos que al final de la Guerra de Vietnam (abril de 1975), el Partido Comunista Vietnamita (que ya gobernaba Vietnam del Norte desde 1945), reunificó aquel país retomando Vietnam del Sur (1976), e implantando un modelo económico que era una copia fiel del modelo económico de la Unión Soviética: economía totalmente planificada, agricultura colectivizada, empresas 100 % estatales, precios fijados por el gobierno, prohibición del comercio privado.
El fracaso fue brutal: para comienzo de los años 80, la inflación se había descontrolado por encima de 800 %, hubo escasez crónica de alimentos, surgieron mercados negros por todos lados, productividad bajísima. Todo Vietnam al borde del colapso.
Entonces, en 1986, los jefes del Partido Comunista Vietnamita decidieron admitir (como hoy lo admite convenientemente Jorge Rodríguez) que la economía socialista había fracasado, que necesitaban seguir siendo socialistas para controlar el poder político, pero dejarían que las fuerzas del mercado tomaran el control de la economía colapsada.
En 1986, ya el Partido Comunista Chino llevaba ocho años implementado el programa llamado «Cuatro Modernizaciones» (Deng Xiaoping, diciembre de 1978); una apertura económica capitalista en las áreas de industria, comercio y tecnología. Como a los chinos les estaba yendo bien, el VI Congreso del Partido Comunista Vietnamita decide adoptar el mismo modelo, y al igual que China, sin abandonar el inhumano control socialista del poder político, Vietnam cambia el modelo económico: adoptan la economía de mercado, desmontan, ellos mismos (como hoy lo intentan los hermanos Rodríguez con la economía chavista) la colectivización agrícola, la tierra sigue siendo del Estado (así como el petróleo en Venezuela sigue siendo del Estado) pero, se lo entregaron en uso a familias campesinas y ellas podían producir y vender libremente.
Con la Doi Moi, Vietnam pasó de importar arroz, a ser uno de los cinco mayores exportadores de arroz en el mundo. Con la Doi Moi, Vietnam permitió la empresa privada. Por primera vez desde la guerra, se crean comercios privados legales, pequeñas y medianas empresas, y se abren a la inversión extranjera, se permite el capital extranjero para que este opere y funcione en las recién creadas Zonas Económicas Especiales, con empresas mixtas y con manufactura para exportación. Asimismo, con la Doi Moi, se liberan todos los precios y el Estado deja de fijarlos, dejando en libertad a la ley de la oferta y la demanda. Y por último, con la Doi Moi, las empresas estatales se vieron obligadas a competir; ya no recibirían del Estado más dinero automático si no eran productivas.
Detrás del llamado “milagro vietnamita” está la apertura económica llamada Doi Moi. Una «renovación» diseñada para permitir que el capitalismo económico pudiera convivir con la dictadura política del Partido Comunista Vietnamita.
Hoy Vietnam es una de las grandes economías de Asia, aunque su pueblo carezca de las libertades y derechos elementales. Una dictadura socialista usando el capitalismo como herramienta económica, pero sin perder el poder político con el cual someten a toda la sociedad vietnamita.
Ese «cambio» económico para que el poder político «no cambie» de manos es lo que, por ahora, está en marcha en Venezuela.
La Administración Trump lleva adelante sus objetivos en Venezuela en coordinación con los Rodríguez. Incluso el medio británico The Guardian asegura que ellos se habían ofrecido a cooperar con Washington antes de la captura de Maduro. El plan de la Casa Blanca se centra en garantizar seguridad nacional energética, posicionar a EEUU como una potencia petrolera y expulsar de la región a China, Rusia e Irán.
Se trata de una relación donde ambas partes ganan. Mientras los Rodríguez intentan quedarse con el dominio del poder político, Estados Unidos pone la gestión económica, suplantando a Maduro por Delcy, convocando a las petroleras, solicitando inversiones, levantando las sanciones, expidiendo las licencias especiales generales. Por su parte, los Rodríguez aceleran las condiciones jurídicas para ese cambio económico con la reforman a la Ley Orgánica de Hidrocarburos.
Ya están dadas las condiciones para que nazcan las «islas operativas» con control autónomo de las empresas petroleras norteamericanas en las zonas y bloques del Zulia y Faja del Orinoco; es la base para un relanzamiento de la industria petrolera, ahora bajo control económico del Departamento del Tesoro norteamericano. Y el éxito de este plan puede ser, también, una extraordinaria oportunidad para ponerle fin al estatismo y paternalismo de la politiquería venezolana.
Pero el aparato de represión política está intacto. Y se vislumbra sólo un cambio controlado y parcial: los Rodríguez se van del PSUV y migran hacia Somos Venezuela, un parapeto con el que aspiran mantener el control del poder político y, por lo tanto, la perpetuidad del estatismo. Una dictadura socialista pero con plata.
El éxito del plan de los Rodríguez impediría llevar adelante cualquier programa de reformas que desmantele el estatismo en Venezuela; a la primera oportunidad, buscarán devolverle al Estado venezolano atribuciones que no le pertenecen, repitiendo los mismos errores del pasado que nos trajeron a esta tragedia.
Si no encuentran una verdadera oposición política, organizada en partido político que levante las banderas de la pluralidad democrática, los Rodríguez (responsables de los mismos crímenes chavistas y la destrucción de Venezuela), pospondrán indefinidamente cualquier elección general que los expulse del poder, mientras tratarán de venderse, internamente dentro de Venezuela, como los artífices de un «milagro económico venezolano» que los califique para seguir con el control de Miraflores.
Un cambio para que nada cambie. Una Doi Moi muy a la venezolana.











