Sigue el gafe de Sánchez
Tanto en el diccionario de la RAE como en el lenguaje común el significado de definir a una persona como un “gafe” es el de considerar que esa persona “trae mala suerte o desgracias”, porque está “gafado”.
Ya hemos tenido ocasión de escribir acerca de la atribución de esa condición a Pedro Sánchez, a la vista de la sucesión de calamidades y desgracias para España y los españoles que le acompañan desde que es el inquilino de la Moncloa.
Esas calamidades son en unos casos de origen natural, en otros de origen humano, o bien de una combinación de ambas, pero con la consecuencia común de ocasionar destacadas desgracias en todos ellos. Que en ocasiones son compartidas con algún otro país -pero con especial incidencia entre nosotros- y en otras son exclusivamente sucedidas en España.
Es evidente que cabrían otras definiciones para calificar a una persona acompañada de estas características -en especial atribuirlo a una “maldición”-, pero la de gafe es menos conflictiva y discutible ya que se limita a constatar una realidad empírica sin pronunciarse respecto a la causa de ese “mal fario” que le acompaña.
El año pasado ya volvíamos a escribir sobre esa cuestión con ocasión del “gran apagón” producido el 28 de abril que dejó a España y los españoles totalmente incomunicados durante largas horas sin que hasta la fecha se sepa a ciencia cierta cuál fue la causa de tal insólita situación.
Ese apagón se sumaba a la lista de calamidades que le precedían desde que Sánchez está en el Gobierno. Ese ranking lo encabezaba la cifra de víctimas del COVID, la mayor, pese a la “eficaz gestión” de la misma; le seguía Filomena, la mayor nevada de la historia de Madrid; el volcán de la Palma y la DANA de Valencia. Y a la que posteriormente se incorporaron los 20 incendios que durante dos semanas del pasado agosto dejaron un rastro desolador, arrasando 300.000 hectáreas, una superficie equivalente toda la Isla de Gran Canaria.
La tragedia de Adamuz, con sus 46 víctimas mortales y sus consecuencias en el tráfico ferroviario, hasta ayer era la última incorporación a esa dramática lista.
Ahora, la borrasca NILS parece que le ha tomado el relevo con vientos huracanados de hasta 162 km/ hora en Baleares y de 147 km/ hora en Vizcaya, etc. y temporales que provocaron la cancelación de decenas de vuelos, derribando árboles y muros y olas de hasta 9 metros de altura en Guipúzcoa. Y más de 80 heridos de diversa consideración en diversas zonas de España, suspendiendo actividades escolares, universitarias, deportivas, servicios sociales y sanitarios no urgentes entre otros lugares en Cataluña. El gafe.











