Se terminó la mentira del gobierno represor y los manifestantes inocentes

Bombas molotov, baldosas rotas, proyectiles, cualquier cosa fue utilizada esta tarde para interrumpir una sesión que siguió con su curso normalmente. A diferencia de lo que sucedió en otros momentos, las fuerzas de seguridad tuvieron la orden de actuar y así lo hicieron. (X)
Marcelo Duclos.- La última semana, un video viralizado del expresidente Raúl Alfonsín asegurando que en Argentina no existieron 30000 desaparecidos, y que los hijos de las Madres de Plaza de Mayo eran violentos «terroristas guerrilleros», terminó de enterrar un debate irracional. Por un lado, estaban los hechos documentados, y por el otro, la retórica del kirchnerismo y la izquierda que no tenía más justificación que las amenazas de cancelación pública. Lógicamente, con el cambio de era en el país esa fortaleza en el debate público (y la autocensura de medios y periodistas) fue mermando para el incremento del sentido común.
La tarde del miércoles, en las inmediaciones del Congreso, cayó otro mito, que tampoco tenía demasiado basamento en la realidad, pero que se mantenía con insistencia desde sectores de la oposición: el de la «represión» a los «manifestantes» que simplemente protestan contra las iniciativas del gobierno que perjudican a «los trabajadores». Con esta retórica, todos los miércoles, cuando grupos de izquierda generan desmanes en la zona de la Avenida Rivadavia y la esquina de Callao, los mismos desadaptados salen con el cuento del gobierno represor, que hasta les pega a los jubilados.
Lo que en realidad sucede es que no hay ninguna represión a los que se hacen presentes para manifestarse (de acuerdo con un derecho constitucional en Argentina), pero todo se desmanda cuando las organizaciones políticas comienzan a hacer destrozos y a enfrentarse con la policía. Luego aparecen las tomas engañosas, los cronistas mal intencionados y la mentira que busca imponerse desde varios medios de comunicación.
Lo que se vio este miércoles en las afueras del Congreso mientras se discutía en el Senado la ley de la modernización laboral fue tan indefendible, que desde el kirchnerismo y la izquierda no tuvieron mejor idea que argumentar que los violentos «manifestantes» en realidad eran policías infiltrados. Claro que todo lo que recogieron las cámaras fue en el mismo sentido: una actitud indefendible que no tenía nada que ver con la legítima protesta, sino que su única finalidad era coaccionar una sesión parlamentaria mediante el uso de la violencia.
El nerviosismo de las organizaciones de izquierda se debe al fracaso del boicot a la ley en el debate público. El gobierno avanzó con negociaciones en el parlamento y pudo conseguir las voluntades para alcanzar el quórum y seguramente su aprobación. Fracasada la instancia política, y sin oídos en la opinión pública que se opongan a una necesaria reforma, a las «organizaciones sociales» no les quedó otra cosa que los clásicos desmanes, que no hicieron más que desacreditarlos ante la opinión pública.
Fraude político
Bombas molotov, baldosas rotas, proyectiles, cualquier cosa fue utilizada esta tarde para interrumpir una sesión que siguió con su curso normalmente. A diferencia de lo que sucedió en otros momentos, las fuerzas de seguridad tuvieron la orden de actuar y así lo hicieron. Por estas horas, el kirchnerismo y la izquierda protestan por la liberación de los «manifestantes», pero sus reclamos no generan demasiado impacto en el público, que terminó horrorizado por las bochornosas imágenes que se registraron en las inmediaciones del parlamento argentino.
Sin dudas, en la previa de una votación importante para el oficialismo, el gobierno se anotó una importante victoria de cara al electorado. Se la regalaron los violentos de siempre, que cada vez quedan más expuestos ante la opinión pública.











