Vox sigue proporcionando combustible a Sánchez y se niega a investir a María Guardiola como presidenta de Extremadura pese a obtener el 43% de los votos
Ana María Vera. +- Lo de Vox con la investidura de Guardiola no es firmeza ideológica. Es inmadurez política envuelta en bandera. Su rechazo frontal es el enésimo episodio de una formación que ha hecho del bloqueo su única seña de identidad.
Decir “no” es sencillo. Gobernar —o permitir que otros gobiernen para después fiscalizar— exige responsabilidad. Vox ha optado por lo primero porque lo segundo implica algo que parece evitar sistemáticamente: negociar, ceder, asumir costes. Prefiere el titular incendiario al acuerdo imperfecto. Prefiere la pureza de la oposición eterna a la incomodidad de influir de verdad.
La investidura de Guardiola no era un acto de adhesión ideológica, sino un mecanismo democrático para evitar la parálisis. Rechazarla sin articular una alternativa viable es un gesto de tacticismo corto de miras. Es convertir las instituciones en escenario de campaña permanente. Y eso no fortalece la democracia; la desgasta.
Vox lleva años exigiendo respeto, influencia y poder decisivo. Pero cuando tiene la oportunidad de demostrar que sabe usar esa fuerza con sentido de Estado, responde con un portazo. La coherencia no consiste en atrincherarse, sino en saber hasta dónde tensar la cuerda sin romper el tablero. Y Vox parece disfrutar rompiéndolo.
El mensaje es claro: antes bloquear que construir. Antes dinamitar que negociar. Antes la épica del enfrentamiento que la responsabilidad de gobierno. Pero la política real no se hace con consignas, sino con decisiones que afectan a millones de personas.
Si Vox aspira a algo más que a ser una máquina de indignación permanente, tendrá que decidir si quiere influir o simplemente gritar desde la esquina. Porque hoy, con su rechazo a la investidura de Guardiola, ha demostrado que se siente más cómodo en la trinchera que en las instituciones.
Vox se niega a investir a María Guardiola como presidenta de Extremadura
El secretario general de Vox, Ignacio Garriga, ha avanzado este martes el “no rotundo” de la formación a la investidura de la presidenta de Extremadura en funciones, María Guardiola, si no permite a Vox implementar sus políticas con garantías.
“El PP sigue repitiendo esa mentira de que Vox quiere imponer el 100% de su programa. En absoluto, nosotros somos responsables, pero exigimos la proporcionalidad que nos han dado las urnas”, ha asegurado en declaraciones a periodistas en el Parlament de Cataluña.
“Depende del PP, dependerá de la señora Guardiola, si se presenta a otra investidura con la posibilidad de tener un voto favorable o la abstención de Vox. Pero ahora es radicalmente un ‘no’ rotundo, por respeto a nuestros votantes y porque no ha entendido el mandato de las urnas, que es que Vox tiene que tener capacidad para cambiar las políticas y garantías para impulsarlas. Fue el PP quien rompió el pacto con Vox hace un tiempo y quien expulsó a Vox de los gobiernos”, ha sostenido Garriga.
El también vicepresidente de Vox ha emplazado al PP a que “sea consciente de que hay un cambio de paradigma político”, y ha reiterado que están dispuestos a negociar, “pero con la firmeza que han dado las urnas”, al no ser “un tema de sillones”.
La presidenta extremeña en funciones, María Guardiola, ha sido propuesta este martes como candidata a presidir el Gobierno regional, a pesar de no contar a día de hoy con el apoyo de Vox, y cuyo pleno de investidura tiene como fecha límite el 3 de marzo.
“Me presento para desbloquear” la situación política de esta comunidad autónoma, por lo que “pido a todos los grupos parlamentarios responsabilidad para dejar la polarización y centrarse en los intereses de la ciudadanía extremeña”, ha afirmado Guardiola tras reunirse con el presidente de la Asamblea de Extremadura, Manuel Naharro.
Guardiola ha expuesto su intención de agotar el plazo máximo del pleno de investidura -3 de marzo- al objeto de tener tiempo para alcanzar un acuerdo de gobernabilidad. “Espero que nos podamos sentar cuanto antes y poder cerrar un acuerdo porque es lo que necesita Extremadura”, ha agregado Guardiola, que aboga por llevar dicha negociación con la máxima discreción.
No obstante, ha apuntado que Vox ha puesto encima de la mesa de la negociación “el cumplimiento de la totalidad de su programa político y más puestos en el Ejecutivo”, algo que, a su juicio, no refleja la proporcionalidad de los votos en las urnas. “Lo que no puede ser es que el PP, que ganó las elecciones con el apoyo del 43,2 % de los electores, tenga que travestirse de Vox. No lo podemos hacer”, ha afirmado con rotundidad.
El PP obtuvo el 43% de los votos, un porcentaje superior a toda la izquierda junta (PSOE y Unidas) y más apoyos que la suma de Vox y PSOE.
“Respeto muchísimo a los votantes de Vox, pero también respeto a los votantes del PP”, ha manifestado la presidenta extremeña en funciones, quien ha insistido en su voluntad de alcanzar un acuerdo “proporcional” con Vox, al que le ha pedido que el diálogo se centre en la región y “no en los intereses nacionales”.
No ha dudado en afirmar que le gustaría que hubiera avances en la negociación con Vox antes de la celebración del citado pleno -sin fecha aún-, aunque ha reconocido que sigue esperando una respuesta al último documento de negociación o posible acuerdo remitido la pasada semana a la formación de Santiago Abascal.
Guardiola ha incidido que presentará su programa de gobierno en el pleno de investidura para que la ciudadanía conozca las claves de sus políticas.
Para lograrla, ha remarcado que “todos” los grupos parlamentarios tienen “una alta responsabilidad”, por lo que “deben dejar a un lado la crispación, la polarización y las palabras gruesas”. “Lo importante es Extremadura”, ha incidido. “Estoy en disposición de ofrecerle a mi tierra el mejor gobierno posible, alejado de fracturas y de intereses partidistas”, ha añadido, a la vez que ha subrayado que su mano está tendida a la oposición.











