Alvise Pérez calienta motores para las próximas elecciones autonómicas con el objetivo de sacudir el tablero político
Alvise Pérez, líder de ‘Se Acabó la Fiesta’ (SALF), representa hoy un síntoma claro del momento político español: una parte del electorado de derechas busca opciones más contundentes, menos condicionadas por pactos y más centradas en la confrontación directa con el establishment. Si ese impulso se transforma en proyecto político duradero o queda como fenómeno coyuntural dependerá de su evolución en las próximas ciclos electorales.
Las próximas elecciones autonómicas en Castilla y León, Andalucía y muy presumiblemente, de nuevo en Extremadura, serán una prueba de fuego para esta formación. SALF calienta motores de cara a los próximos comicios de Castilla y León. En las recientes elecciones de Aragón anunciaron su participación apenas 20 días antes del comienzo de la campaña.
Desde SALF, Alvise apostó por unas listas encabezadas por Cristina Falcón Aldana, directora de un colegio público y candidata a la Presidencia de Aragón, que durante la campaña ha reproducido los mensajes y el tono populista que caracterizan al eurodiputado a escala nacional. Las listas provinciales se completaron con perfiles alejados de la política institucional, como Jorge Luis Falcó Boudet, profesor de la Universidad de Zaragoza, como cabeza de lista en Huesca, y Carlos Aranda Anquela, exárbitro de Tercera División, en Teruel.
Aunque prácticamente todos los sondeos situaban a SALF fuera del hemiciclo, la realidad es que a la hora de la verdad, cuando llegó el recuento, el partido de Alvise estuvo muy cerca de conseguir su objetivo. De hecho, con sus 14.141 sufragios se quedó a algo menos de 400 votos (alrededor de 350 extrapolando los que conseguirá con el voto del extranjero) para lograrlo.
Pero, además, se dio la curiosa circunstancia de que por número de votos, SALF hubiera entrado sobradamente en el parlamento aragonés por la provincia de Zaragoza, pero no pudo superar una de las excepciones que marca la ley electoral aragonesa. Y es que para poder entrar en el reparto de escaños es necesario alcanzar el umbrar del 3% de los votos válidos emitidos (es decir los que se han decantado por algún partido más los votos en blanco, los nulos no cuentan para este porcentaje).
A diferencia de los partidos tradicionales, Alvise ha construido su base política desde el ámbito digital, apoyándose en redes sociales y canales de comunicación directa con sus seguidores. Esta estrategia le ha permitido conectar con un público desencantado tanto con el Partido Popular como con Vox, especialmente jóvenes y votantes críticos con lo que consideran una “institucionalización” de la derecha más combativa.
Su mensaje se caracteriza por un tono directo, confrontativo y centrado en la denuncia de la corrupción política, el gasto público y lo que define como privilegios de la “clase política”. Este enfoque ha generado una comunidad movilizada que valora la transparencia, la fiscalización constante del poder y una ruptura con las estructuras partidistas tradicionales.
Mientras Vox ha evolucionado hacia una formación con estructura territorial consolidada, representación parlamentaria y estrategias de pacto institucional, Alvise propone una alternativa más disruptiva y menos condicionada por la lógica parlamentaria clásica. Para sus seguidores, esto supone una garantía de mayor coherencia ideológica y menor margen para concesiones.
Su proyecto político —articulado en torno a plataformas y agrupaciones recientes— se presenta como una herramienta para “devolver el poder al ciudadano” y reducir el peso del Estado. En ese sentido, compite directamente por el votante que considera que Vox ha moderado algunas posiciones o que se ha integrado en el sistema que prometía transformar.
El crecimiento de opciones como la de Alvise se explica también por el desgaste general de las instituciones y por una parte del electorado que demanda medidas más contundentes en materia de inmigración, reducción del gasto público, lucha contra la corrupción y reforma institucional.
Allí donde Vox ha buscado consolidarse como fuerza de gobierno en comunidades autónomas y ayuntamientos, Alvise intenta posicionarse como una alternativa más intransigente frente a lo que define como consensos “del sistema”. Esa diferenciación es clave en su estrategia: captar el voto protesta que no se siente plenamente representado por ninguna fuerza con presencia estable en el Congreso.
No obstante, el futuro de esta alternativa dependerá de su capacidad para traducir la movilización digital en estructura territorial, programa sólido y estabilidad organizativa. La historia reciente demuestra que el salto desde la influencia en redes sociales hasta la consolidación institucional no siempre es sencillo.
Lo que parece indudable es que el espacio a la derecha del Partido Popular sigue en movimiento, y Alvise ha logrado situarse como uno de los nombres propios en esa reconfiguración.












