El español, idiota; el periodista, imbécil
Fraguas.- Parecía que la frase de Alvise Pérez, esa que dice “La partidocracia es un sistema criminal” era una frase hecha; pero no.
De vez en cuando la sorpresa viene vestida de un “ya te lo dije” predecesora de la idiotez de toda una sociedad civil que no recuerda avisos o no los capta. O de la imbecilidad de una casta periodística que con toda la hemeroteca bajos sus sábanas, se despierta cada día con la minuta del partido que más aporta. Y la consecuencia es la muerte de cuarenta y cinco vecinos.
Consecuencia de la imbecilidad del periodismo español que sabe del problema, no lo denuncia y lo revive una y otra vez. Imbecilidad y maldad rentable de los políticos españoles que saben de ello y callan y guardan.
E idiotez de España entera qué no se entera.
Ahora, a llorar. Y eso que la izquierda dice que a la política se ha de venir llorado. ¿Será porque ellos vienen en coche oficial?
Cuarenta y cinco familias están llorando y aún no han degustado el ágape de la frustración. No están en ello, la brújula de su realidad aún no apunta al Norte.
Si cada familia española hubiéramos tenido a un familiar en los vagones de la parca. O tan sencillo como que si a los españoles nos durara la solidaridad de la riada y supiéramos extrapolarla a la tragedia de Adamuz, ya haría tiempo que estaríamos en la calle haciendo lo que el Parlamento nacional no hace.
Por eso SE ACABÓ LA FIESTA pide el fin del sistema criminal de la partidocracia. Porque su resultado es la muerte.
11M, pandemia, volcán de la Palma, riada de Valencia, Incendios, Adamuz, inmigración ilegal delictiva con resultado de violación y terrorismo Islámico. Todo mal gestionado por los diferentes gobiernos, todos con resultado de muerte.
Y una vez que la guadaña de la vieja calavera actúa, ya no hay más. Sólo insulto institucional. Ataques al sentido común y políticas advenedizas de carroña electoral.
Después de cada tragedia y al margen de los sentimientos subjetivos de la sociedad, el gobierno nacional se ve en la tesitura de defenderse de las acusaciones vertidas por la mitad de la prensa, la que queda medianamente libre.
El ruido mediático actúa como un velo opaco que ofusca la realidad. El gobierno patalea, Internet hierve. Las tertulias asustan o confunden, los jueces esperan, el rey… ¡Ay, el rey!
Pero la realidad escondida ¿Cuál es?
El Parlamento, amado lector. En una verdadera democracia el parlamento es el único capacitado para fiscalizar al ejecutivo. En España el ejecutivo sólo es fiscalizado por una minúscula fracción de la prensa y eso somete a la sociedad civil a la idiotez, y a la prensa a la imbecilidad.
Qué pasaría si muere la partidocracia y el parlamento se llena de diputados elegidos por demarcaciones electorales de distrito. Si cada diputado actuara por mandato de su comarca y no por orden de Sánchez o de Feijóo, o de Abascal.
En el caso de los trenes ya habría puesto a Sánchez de patitas en la calle, al ministro a disposición de la justicia; pero más real es que esta situación no se hubiera dado; pues de este modo Sánchez jamás hubiera llegado a ser presidente.
Y quien no quiera ver esto, amado lector. Después de tantos avisos, después de tanta casuística, después de tanta experiencia es que una de dos o se es idiota por incomprensión o se comprende y uno es imbécil. Elija pista, algunos esperamos en la grada viendo y, a veces, llorando con el espectáculo.
Descansen en paz las cuarenta y seis almas, ya. Qué el tren les haya llevado a la Gloria del Señor.
Y que esta misma Gloria ilumine al español para salir de la idiotez o de la imbecilidad.
Yo ya no sé cómo pedirlo.
Ave María Purísima.











