Vox prefiere el bloqueo a la responsabilidad: así está boicoteando los gobiernos del PP solo por miedo al crecimiento electoral de Alvise
Ignacio Andrade.- La política española vive un momento de profunda inestabilidad, y gran parte de la responsabilidad recae en un partido que proclama desde sus discursos defender el orden y la unidad, pero a la hora de la verdad prefiere sembrar el caos antes que ceder un centímetro de relevancia electoral.
Hace apenas unos meses, Vox decidió romper unilateralmente todos los pactos de gobierno autonómicos que mantenía con el Partido Popular en regiones como Castilla y León, Aragón, la Comunidad Valenciana, Extremadura y Murcia después de un desencuentro sobre la gestión del reparto de menores migrantes no acompañados, retirando su apoyo parlamentario y pasando a la oposición de manera abrupta.
Aquella decisión no fue fruto de una estrategia de Estado ni de un principio sólido, sino de un cálculo político: Vox temía perder terreno frente a otras formaciones de la derecha más radical o más personalistas (como el fenómeno Alvise Pérez), y decidió que su mejor jugada era tensionar las alianzas antes que consolidarlas.
Este salto hacia el bloqueo político tiene un precio real: socava la gobernabilidad autonómica, obliga a convocar elecciones anticipadas, y coloca sobre la mesa una pregunta inquietante: ¿gobiernan para los ciudadanos o gobiernan para evitar que otros ocupen su lugar en las encuestas?
Los dirigentes de Vox han presentado la ruptura de esos acuerdos como un acto de dignidad e independencia frente a unos dirigentes del PP “que no respetan sus principios”. Sin embargo, en la práctica ha sido una maniobra miope que deja gobiernos en minoría, territorios con presupuestos sin aprobar y una derecha incapaz de consolidar mayorías estables.
Esto no solo perjudica a los ciudadanos, que necesitan instituciones que funcionen y presupuestos que atiendan sus necesidades, sino que refuerza la narrativa de debilidad del PP y de incapacidad de la derecha para actuar con responsabilidad en materias de Estado. El resultado es un paisaje político fragmentado en el que quienes más se benefician son las posiciones extremas y los discursos de polarización permanente.
Así, el miedo —o la ambición— de Vox ante el crecimiento de otras fuerzas en el espectro de la derecha ha llevado al partido a elegir tácticas de bloqueo político antes que compromisos de gobernanza. Eso convierte en puro teatro lo que algunos llaman “principios”: si la alternativa al poder es aceptar la responsabilidad de gobernar en coalición, entonces la opción de Vox es siempre dinamitar la mesa y volver a empezar.
El electorado merece partidos que estén dispuestos a compartir la responsabilidad de gobernar con eficacia, no a los que prefieren proteger su nicho electoral a costa de la estabilidad institucional y del bienestar de los españoles.













A ver si se aclara Vox, no tienen un rumbo