Pedro Sánchez y la estrategia del miedo como herramienta electoral en Aragón: El objetivo real no es Vox, sino el PP
Pedro Morenés.- La campaña del PSOE en Aragón no gira en torno a Aragón. No habla de gestión autonómica, de problemas reales ni de soluciones concretas. Gira, casi de manera obsesiva, en torno a Vox. Y no por casualidad. Pedro Sánchez ha convertido a Vox en su comodín electoral, en el espantajo perfecto con el que intentar desgastar al Partido Popular y tapar la debilidad del socialismo aragonés.
Vox como excusa permanente
Cada mitin de Sánchez en Aragón repite el mismo mantra: “Si gana el PP, gobierna Vox”. No hay matices, no hay análisis, no hay debate. Solo una consigna simplista que busca sembrar miedo, no informar al votante. El mensaje es claro y deliberado: no se vota al PSOE por convicción, se vota por pánico.
Sánchez no combate a Vox con ideas; lo necesita. Su estrategia no pasa por reducir el espacio de la ultraderecha, sino por explotarlo. Cuanto más fuerte aparezca Vox en el relato, más fácil resulta presentar al PSOE como la única “barrera moral”, aunque esa barrera esté llena de grietas.
El objetivo real no es Vox, sino el PP. Sánchez sabe que no puede derrotar al Partido Popular en Aragón hablando de resultados, porque los datos no le acompañan. Así que opta por una maniobra más cómoda: atar al PP a Vox con una cuerda imaginaria, aunque la realidad política sea más compleja.
Se criminaliza cualquier posible acuerdo futuro, se ignoran las diferencias evidentes entre ambos partidos y se presenta al PP como un simple instrumento de la ultraderecha. No importa si es cierto o no. Importa que cale. La verdad queda subordinada a la eficacia propagandística.
Una estrategia cínica y calculada
Lo más grave no es el uso partidista de Vox, sino el cinismo de la operación. Sánchez denuncia a la ultraderecha mientras la convierte en pieza central de su discurso. La señala como amenaza mientras la amplifica. La critica mientras la coloca en el centro del tablero. Vox crece, pero Sánchez se beneficia de ello… al menos a corto plazo.
Esta estrategia tiene un coste evidente: polariza, empobrece el debate y degrada la política autonómica. Aragón queda reducida a un decorado para una batalla nacional que Sánchez utiliza como cortina de humo para ocultar la falta de proyecto socialista en la comunidad.
Aragón como daño colateral
Los problemas reales de Aragón —despoblación, infraestructuras, sanidad rural, empleo juvenil— quedan sepultados bajo un discurso artificialmente alarmista. El mensaje no es “esto es lo que proponemos”, sino “cuidado con lo que viene”. Gobernar desde el miedo es reconocer la ausencia de ideas.
Sánchez no está defendiendo Aragón: está usando Aragón. Usa a Vox para atacar al PP, usa al PP para movilizar a su electorado y usa el miedo para evitar hablar de su balance político.
La utilización de Vox por parte de Pedro Sánchez en Aragón no es una casualidad ni una reacción espontánea: es una estrategia consciente, dura y profundamente oportunista. Vox no es el problema que Sánchez combate; es el recurso que explota. El PP no es el adversario al que debate; es el enemigo al que caricaturiza.
Y en medio de esta operación política, los aragoneses quedan relegados a meros espectadores de una campaña diseñada en clave nacional, donde el objetivo no es gobernar mejor, sino ganar sembrando miedo.











