Los últimos días de un Rey
Me llegan rumores de que el Rey Emérito está enfilando sus últimos días en este mundo. Su estado de salud ha ido empeorando en los últimos meses y su estado de ánimo no es mejor. Entra dentro de lo normal, acaba de cumplir 88 años.
Lo que no entra dentro de lo normal es su situación. Un rey desterrado, obligado a vivir lejos de su familia y de su patria, es una crueldad innecesaria que define muy bien los tiempos absurdos y canallescos que estamos viviendo.
Lleva seis años residiendo en Abu Dabi, lejos de los suyos, purgando unos supuestos pecados por los que ningún tribunal lo ha condenado ni lo está investigando. No seré yo el que juzgue sus actos pasados, él los ha reconocido y ha pedido perdón, es un hombre, y como tal ha cometido errores, y los ha pagado muy caros, creo que ya es hora de que vuelva a España y tenga un final digno del gran rey que ha sido.
Si, un gran Rey, probablemente el mejor de nuestra historia, por lo menos de la dinastía borbónica, de la que quizá fuera Carlos lll el que mejor legado dejó, aunque también cometió sus errores, ¿Y quién no?, el resto pasaron con más pena que gloria.
Hay que recordar, ahora especialmente, cómo fue la ingente tarea de convertir a España en un país democrático y moderno, respetado y hasta envidiado en el mundo entero, después de una transición que se estudia en todas las universidades del mundo como el modelo a seguir para naciones que quieran salir de una larga dictadura.
No fue fácil, todavía estaba latente en muchos españoles de cierta edad la herida de una terrible guerra civil en la que todos los bandos y todas las familias habían perdido a alguien. El Rey consiguió que gente que anduvieron a tiros en distintas trincheras se perdonaran y se abrazaran por el bien de las generaciones futuras, ese fue el verdadero milagro de España, el milagro de la reconciliación, que es por cierto el título de su libro de memorias cuya lectura recomiendo a todos los interesados en conocer la historia reciente de nuestro país.
El Rey Juan Carlos salió airoso del envite, supo aliarse con las personas adecuadas, buscando siempre lo mejor de cada una de ellas en cada momento, resistiendo las sacudidas de un barco que en muchos momentos daba la sensación de irse a pique por los viejos rencores y las exigencias de unos y otros.
Gracias a Él, tuvimos la gran suerte de vivir los mejores 40 años de libertad, convivencia y progreso de toda nuestra historia, ¿no es eso suficiente para estarle mínimamente agradecidos?
Llegada su vida al tramo final merece un gesto de grandeza y generosidad por parte de su hijo, El Rey Felipe, del Gobierno y sobre todo del pueblo español, (que es en el fondo lo único que le importa realmente), para que pase sus últimos días en España, su querida patria, de la que siempre fue el mejor embajador, rodeado del respeto de su pueblo y el cariño de su familia, como sin duda alguna merece.
Seguro que no veremos nada de lo anteriormente comentado. Seguro que nunca sabremos qué pasa por la cabeza de D. Felipe.
De lo que estoy seguro de que este texto lo “compran “ la mayoría de los Españoles a los que nunca se nos preguntó ni se nos preguntará ni se nos pidió opinión sobre nada. Y cierro convencido que nada de lo que comenté arriba, se producirá











