China avanza hacia la supremacía tecnológica eliminando el factor humano de la producción

La nueva fábrica de Xiaomi resulta interesante a primera vista, pero el trasfondo es mucho más complejo. (X)
Oriana Rivas.- En el distrito de Changping, en las afueras de Pekín, se alza una estructura de de 81000 metros cuadrados donde no hay empleados y se trabaja, sin luz, las 24 horas del día. Se trata de la nueva fábrica de la empresa tecnológica Xiaomi, capaz de crear 10 millones de teléfonos móviles al año y donde funciona una plataforma de inteligencia artificial llamada Hyper IMP.
En total, la fábrica «oscura» de Xiaomi costó unos 2400 millones de yuanes, es decir, unos 340 millones de dólares. El proyecto se anunció en el año 2020. Para 2023 culminaba la primera etapa de construcción y quedó puesta en marcha en 2024. Más allá de lo impactante de ver máquinas trabajando en completo silencio y oscuridad, está el hecho de solo se trata de una pieza del rompecabezas del Partido Comunista Chino (PCCh) para desplazar tecnológicamente a Estados Unidos.
Y es que mientras en Occidente la automatización se debate bajo lógicas de mercado, en Pekín se trata de soberanía nacional. Todo está trazado en el XV Plan Quinquenal del régimen comunista, donde la meta es la «autosuficiencia tecnológica». Otra muestra de eso llegó en octubre de 2024 cuando UBTech Robotics, empresa con sede en la ciudad de Shenzhen, anunció que planeaba entregar alrededor de 500 robots en varias fábricas para reemplazar mano de obra humana. Lo que ocurre no es aislado, sino un mensaje del PCCh de que la competencia ya no se libra por quién vende más dispositivos, sino por quién controla la infraestructura que los fabrica.
Avances de Xiaomi bajo el control del comunismo chino
China quiere que las reglas del futuro en tecnología 6G y en inteligencia artificial sean escritas por el PCCh y no por Washington. Acá es donde entra Xiaomi. Si bien es una empresa privada, mantiene una relación cercana con el régimen de Xi Jinping. Tanto así que su fundador, el empresario Lei Jun, se desempeña como diputado del Congreso Nacional del Pueblo, el máximo órgano legislativo de China.
De hecho, el Departamento de Trabajo de la Sociedad señaló a inicios de 2025 que los miembros del PCCh constituyen «el 25 % de su fuerza laboral (más de 10000 personas)», y que los miembros del partido en Xiaomi tienen una edad promedio de 32 años, son trabajadores en tecnología, gestión de productos o investigación y desarrollo. Esto demuestra que ninguna empresa es totalmente independiente del Estado chino, especialmente cuando manejan datos masivos y tecnología..
Esos son los hilos que mueve el régimen de Xi Jinping para convertir a los avances de empresas chinas en objeto de exhibición mundial, especialmente para que Estados Unidos observe. En Washington conocen estas intenciones, lo que llevó al primer gobierno de Donald Trump a incluir a Xiaomi en una lista negra de «Empresas Militares Comunistas Chinas», alegando que ayudaba al ejército chino. Sin embargo, cuatro meses después un tribunal federal anuló la orden indicando que no habían «pruebas suficientes».
El PCCh trabaja con fechas muy precisas para medir su éxito frente a Estados Unidos. Según indica el XV Plan Quinquenal, para el año 2030 planea convertirse en el líder mundial absoluto en inteligencia artificial.
Relaciones comerciales
En 2035 quiere alcanzar la «independencia tecnológica total» y que su fuerza científica sea superior a la de cualquier otro país. Para 2029, cuando se celebre el centenario de la República Popular de China, espera consolidarse como «superpotencia tecnológica y militar global», superando a EE. UU. en indicadores geopolíticos claves.
Entonces, la nueva fábrica de Xiaomi resulta interesante a primera vista e innovadora por el hecho de funcionar con inteligencia artificial. Pero el trasfondo es mucho más complejo que robots fabricando celulares.











