Real Madrid, un equipo sin alma: El Bernabéu tiene que volver a ser un clamor este domingo contra Florentino y su banda
Bertín Castañón.- Lo del Real Madrid ante el Benfica no fue una derrota: fue una humillación futbolística. Un equipo perdido, sin alma, sin plan y sin vergüenza competitiva. Y mientras en el césped el Madrid hacía el ridículo, en el palco y en el banquillo se confirmaba lo que muchos llevan tiempo denunciando: el club está secuestrado por el relato, no por el fútbol.
Álvaro Arbeloa es el mejor ejemplo de cómo el carnet de “madridismo” ha sustituido a la capacidad profesional. Mucho grito, mucha bandera y mucha charla motivacional, pero ni una sola idea reconocible. El Madrid no presiona, no construye, no intimida. Corre mal, defiende peor y ataca por inercia. Si esto es el famoso ADN, es uno completamente adulterado. El Benfica jugó con orden; el Madrid, con soberbia vacía.
Pero Arbeloa no es el problema principal, es la marioneta. El verdadero responsable se llama Florentino Pérez, el presidente que ha confundido su longevidad en el cargo con infalibilidad. Ha convertido el Real Madrid en un cortijo donde prima la obediencia y se castiga el pensamiento crítico. Entrenadores cómodos, discursos prefabricados y una gestión deportiva basada en la fe ciega, no en el análisis.
El Madrid ya no pierde por falta de talento, pierde por falta de proyecto. No hay una idea clara de juego, no hay una apuesta coherente por el desarrollo futbolístico y no hay autocrítica. Cada derrota se disfraza de transición, cada fracaso se vende como parte del camino. Mientras tanto, los rivales evolucionan y el Madrid se mira al espejo creyendo que la historia gana partidos.. El Benfica no hizo nada extraordinario: simplemente fue un equipo. Eso bastó para desnudar a un Madrid que ya no asusta a nadie.
El Benfica no solo ganó; expuso. Expuso que el escudo ya no intimida, que la retórica no sustituye al trabajo y que el “ADN Madrid” no es un sistema táctico. Florentino ha convertido el club en una marca gigantesca con pies de barro, y Arbeloa es el rostro visible de esa decadencia deportiva maquillada de valores.
El mayor insulto no es perder, es no aprender nunca. Florentino sigue blindado en su torre de cristal y Arbeloa seguirá siendo vendido como líder mientras el equipo se desangra futbolísticamente. Y cuando llegue la próxima derrota, volverán las excusas, los enemigos imaginarios y el mantra de siempre: “esto es el Madrid”.
El madridismo merece algo más que discursos, más que excusas y más que viejas glorias recicladas como salvadores. Merece fútbol. Y hoy, el Real Madrid está peligrosamente lejos de ofrecerlo.
No. Esto ya no es el Real Madrid. Es una caricatura inflada por la arrogancia, sostenida por el silencio cómplice y destinada al fracaso mientras nadie tenga el valor de decir lo evidente: el emperador va desnudo.
Florentino y su banda merecen el más severo correctivo, este domingo, en el partido contra el Rayo.











