Andalucía no es Valencia: Huelva pide un funeral católico y no laico para las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz
AD.- Andalucía no es laica. Nunca lo ha sido. Y repetirlo mil veces no lo convierte en verdad. Decir que Andalucía es laica es una falsificación histórica, cultural y moral, impulsada desde despachos donde no se pisa un barrio, una parroquia ni una plaza cuando suena una marcha.
Aquí la fe católica no es una opción privada encerrada entre cuatro paredes: es identidad pública. Está en las calles, en los nombres de los pueblos, en las fiestas, en el arte, en la forma de hablar, de sufrir y de esperar. Quien pretende una Andalucía neutral en lo religioso pretende, en realidad, una Andalucía amputada.
La laicidad se vende como progreso, pero en Andalucía suena a desprecio. Desprecio a generaciones enteras que levantaron iglesias antes que ayuntamientos. Desprecio a un pueblo que se reconoce mirando a un crucificado o a una Virgen. Desprecio a una historia que no cabe en consignas modernas.
No, la Semana Santa no es folclore. No es turismo. No es espectáculo. Es fe hecha carne, fe que camina, fe que llora y que canta. Y quien la reduce a tradición cultural lo hace porque le molesta reconocer que sigue siendo religión viva.
Andalucía no necesita que le expliquen qué debe creer desde ideologías importadas. Aquí la gente ha rezado sin permiso, ha creído sin complejos y ha transmitido su fe sin pedir disculpas. La laicidad obligatoria no es neutralidad: es imposición encubierta.
Que quede claro: defender que Andalucía es católica no es excluir a nadie. Es afirmar una verdad. La exclusión viene cuando se quiere borrar lo que somos para que encaje en un modelo artificial, frío y ajeno.
Andalucía no se construyó desde el vacío ni desde la neutralidad. Se construyó desde la cruz, desde el Evangelio, desde una fe popular que sigue viva pese a quienes quieren enterrarla bajo leyes y discursos.
Y mientras haya un pueblo que se arrodilla al paso de un Cristo, que se santigua sin miedo y que llama a su Virgen “Madre”, Andalucía no será laica, por mucho que moleste a la mafia progresista.
Dolor e indignación por el funeral laico
La tragedia del accidente ferroviario ocurrido el pasado 18 de enero en Adamuz (Córdoba), que ha causado la muerte de 45 personas, ha sumido a Huelva —la provincia de la que procedían muchas de las víctimas— en un profundo duelo colectivo y también en un intenso debate sobre cómo debe organizarse el homenaje oficial.
Dolor e indignación por el funeral laico
Las instituciones estatales y autonómicas acordaron la celebración de un homenaje de Estado laico el próximo 31 de enero en Huelva, que contará con la presencia de los Reyes de España, el presidente del Gobierno y dirigentes de la Junta de Andalucía. Este acto institucional pretende rendir tributo a los fallecidos y apoyo a sus familias desde una ceremonia cívica y sin carácter religioso.
Sin embargo, esta decisión ha generado una fuerte reacción en sectores de la sociedad onubense. Muchas personas, incluidos familiares de las víctimas, han expresado su profundo desacuerdo con la fórmula laica, argumentando que Huelva es una tierra profundamente creyente y que el duelo debe celebrarse con un funeral católico cristiano, acorde con las creencias de la mayoría de la comunidad local.
En declaraciones difundidas en medios y redes, vecinos y afectados han subrayado que «en Huelva no se puede hacer un funeral laico; aquí se encomendaba el consuelo a Dios y a la Virgen», haciendo referencia a la tradición católica arraigada en la provincia.
La respuesta de la Iglesia y actos alternativos
Frente a esta controversia, la Diócesis de Huelva ha organizado un funeral católico para el 29 de enero en la Catedral de Nuestra Señora de la Merced, presidido por el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, con la participación también del presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Javier Argüello García.
Además, ese mismo día se celebrarán misas en otras catedrales, como La Almudena en Madrid y la Mezquita-Catedral de Córdoba, para que familiares y allegados puedan reunirse en oración y homenaje en el marco de su fe.
Estas celebraciones litúrgicas han sido presentadas por la Iglesia como un espacio de oración, recogimiento y consuelo espiritual, no solo por las víctimas sino también por los heridos y sus familias.
La polémica ha trascendido el ámbito religioso, llegando a expresarse también en convocatorias ciudadanas y manifestaciones organizadas por algunos familiares de las víctimas, que creen que el homenaje de Estado laico no representa adecuadamente el dolor compartido ni responde a sus valores culturales y espirituales.
Por su parte, las autoridades municipales y autonómicas han defendido el homenaje institucional laico como un acto plural e inclusivo, destinado a acoger a todas las familias independientemente de sus creencias y a señalar la unidad frente a la tragedia.











