El Real Madrid femenino: de fracaso en fracaso un año más
Otra temporada con pinta de acabar en la basura. Otro año más mirando cómo otros levantan títulos mientras el Real Madrid femenino se conforma con competir, con “plantar cara” y con vender el relato de que algún día llegará. Ese día no llega nunca. Y empieza a ser evidente que el problema ya no es el tiempo: es la mentalidad.
Porque no ganar ni un solo título con los recursos, el nombre y las condiciones que tiene el Real Madrid no es mala suerte. Es fracaso. Repetido. Sistemático. Y cada vez más indefendible.
El equipo vive instalado en la cómoda mediocridad del “segundo puesto”, celebrando derrotas dignas como si fueran gestas. Mientras tanto, el Barça no solo gana: humilla, arrasa y marca una distancia que ya no es deportiva, sino estructural y psicológica. Cuando llegan los partidos importantes, el Madrid se encoge. Siempre. Sin excepción.
Las futbolistas —internacionales, veteranas, con experiencia en grandes escenarios— desaparecen cuando hay que dar un paso al frente. No hay líderes, no hay rebeldía, no hay colmillo. Solo excusas recicladas: que si el proyecto es joven, que si falta continuidad, que si el rival es muy superior. Todo menos asumir responsabilidades.
Vestir la camiseta del Real Madrid exige algo más que correr y competir. Exige ganar o, al menos, morir intentándolo. Pero este equipo ni muere ni gana: se diluye. Se deja ir. Acepta su papel secundario con una naturalidad alarmante.
El escudo pesa. Y ahora mismo parece que pesa demasiado para un vestuario que no responde cuando la presión aprieta. No basta con fichar nombres si luego no hay carácter. No basta con invertir si no hay ambición real. Y no basta con repetir que “el título llegará” cuando temporada tras temporada no llega nada.
El Real Madrid femenino no está en construcción: está estancado. Y mientras no haya una sacudida profunda —en mentalidad, exigencia y decisiones— seguirá siendo lo mismo: un equipo correcto, competitivo… y absolutamente irrelevante en la historia.
Porque en el Real Madrid, no ganar no es mala racha. Es no estar a la altura.











