¿Por qué defendemos a Julio Iglesias?
Marcelo Duclos.- El cantante español Julio Iglesias recibió buenas noticias de España: la Fiscalía de la Audiencia Nacional determinó que las acusaciones en su contra no pueden ser juzgadas en el país, ya que los supuestos hechos habrían tenido lugar en República Dominicana y Bahamas. Dado que el cantante ni siquiera reside actualmente en su tierra de origen (uno de los lógicos argumentos de su equipo defensor), la resolución de la justicia española resulta bastante obvia y previsible. Sin embargo, los referentes de la izquierda que cargaron todas sus tintas contra el músico ahora dicen que la causa fue archivada por el «poder» de Iglesias y de su clan defensor de «la derecha».
Por cómo se dio la noticia en los medios de comunicación (con un portal sensacionalista que incluso compró los derechos de la denuncia para «compartirla» con los que la fomentaron), todo parecería indicar que lo primordial nunca pasó por los tribunales. Lo relevante parece haber sido lo que sucedió en los medios de comunicación, que lógicamente tuvo su impacto en la política con los voceros de un feminismo mal entendido, que callan cuando las denuncias apuntan a varones que militan en la izquierda y el «progresismo».
Lo curioso de estos casos –que tendrían que ser analizados desde la imparcialidad y objetividad, para determinar realmente si hubo o no un abuso– es que los elementos de la sociedad más politizada terminan tomando partido. A veces, hasta casi como si se tratara de un clásico de fútbol. En este caso del Real Madrid contra el Barcelona. Apenas el escándalo llega a los portales (en este caso una denuncia de «tocamientos» y «abusos»), los representantes de la izquierda salen a la cancha a rasgarse las vestiduras y los protagonistas de cada historia ya tienen detractores y defensores a priori.
Ante estos casos, lo que nos choca a los que no militamos en la izquierda feminista –que considera que el varón es un agresor sexual en potencia– es que las acusaciones no se relacionan con la culpabilidad o inocencia y de víctimas y victimarios, sino de una colectivización de género. Como si fuera poco, los izquierdistas españoles (que en realidad son idénticos a sus pares de otros países) parecen elegir un formato de malvado ideal. Cuando se dan las circunstancias, una acusación pública parece resultar análogo a una condena judicial, por la picadora de carne a la que se pone a determinadas personas ante denuncias particulares. Como sucedió con el actor argentino Pablo Rago, muchas veces se determina la completa inocencia de los acusados y los temas simplemente desaparecen del debate público, sin ningún resarcimiento a quien fuera acusado falsamente.
Ahora, con la denuncia archivada en España, la izquierda acusadora se aferra de algo insólito para seguir arremetiendo contra el intérprete de Soy un truhan, soy un señor: Como Iglesias y su equipo difundieron mensajes de las denunciantes, donde no parecería haber un correlato con las acusaciones, ahora dicen que el cantante habría incurrido en otro delito. El de exponerlas con sus nombres públicamente. Insólito.
En la opinión pública más «neutral», estos mensajes le dieron credibilidad a la posición del cantante, ya que una persona que está sufriendo acosos y abusos como los denunciados, no se dirigiría de esa forma ante la supuesta víctima que les estaría haciendo pasar un calvario.
Si hay personas que salieron a defender a Julio Iglesias antes de conocer los bemoles del caso, mucho tiene que ver con lo que generan los acusadores en los individuos medianamente normales. Es lógica la animosidad que generan estos personajes, que están más pendientes de una denuncia contra el fallecido Adolfo Suárez, que la carnicería que tiene lugar por estas horas en Irán, con las valientes mujeres iraníes como sujetos revolucionarios. Eso, para Pablo Iglesias, Irene Montero y compañía, parece no tener la más mínima importancia. Mientras ellos sean abanderados de determinadas causas (que, dicho sea de paso, desfiguran) a nadie le puede llamar la atención que los que repudian a estas personas se paren de la vereda de enfrente.
Igualmente, nadie con un poco de sentido común sería cómplice de semejantes atrocidades, de confirmarse en proceso judicial. Sea el responsable Julio Iglesias o cualquier otro. Ellos, los indignados denunciantes, sí mostraron que, si la acusación es en contra de uno de ellos, prefieren mirar para otro lado.











