Aragón ante el espejo de Extremadura: El bloqueo es una estafa política y los aragoneses no deberían pagarla
Pedro Morenés.- Hay una mentira que se repite cada vez con más descaro en la política autonómica: que bloquear es una forma legítima de hacer política. No lo es. Bloquear no es valentía, no es coherencia y no es resistencia. Es incapacidad. Y Extremadura acaba de demostrar, una vez más, que cuando esa incapacidad se normaliza, quien pierde no es el adversario político, sino toda una comunidad.
Lo ocurrido allí no fue un “desacuerdo legítimo”. Fue una renuncia consciente a gobernar. Semanas de parálisis, de instituciones en punto muerto, de problemas reales esperando soluciones mientras los dirigentes jugaban a medir fuerzas. Eso no es democracia exigente; es política fallida.
Aragón no puede permitirse ese espectáculo. Y conviene decirlo alto y claro: un bloqueo institucional no es neutral. Tiene víctimas concretas. Son los municipios que esperan inversiones, los sectores productivos que necesitan estabilidad, los servicios públicos que no pueden planificarse sin un gobierno con plenas funciones. Cada día sin decisiones es un día perdido que no vuelve.
Se nos quiere vender que mantener posiciones inamovibles es sinónimo de principios. Falso. Los principios que impiden gobernar dejan de ser principios y se convierten en excusas. La política no existe para reafirmar identidades, sino para resolver problemas. Cuando no lo hace, fracasa. Sin matices.
Extremadura ha sido el ejemplo más reciente —y más torpe— de esta deriva. Nadie salió reforzado. Ni siquiera quienes creyeron “ganar” el pulso. Porque el bloqueo no castiga al rival: desprestigia a las instituciones y agranda la brecha entre ciudadanos y política. Es gasolina para la desafección y munición para quienes sostienen que el sistema no sirve para nada.
Aragón está ante la misma encrucijada. O gobierna, o se empantana. Y aquí el electorado no es un espectador inocente. Votar no es solo expresar enfado o marcar territorio ideológico; es decidir si se quiere una comunidad que funcione o una comunidad paralizada por el tacticismo. La indulgencia con el bloqueo también tiene responsabilidad.
Que no haya confusión: impedir que se forme un gobierno no es una hazaña. Es una estafa política, porque promete firmeza y entrega parálisis. Promete control y deja abandono. Promete dignidad y ofrece vacío.
Extremadura ya ha pagado ese precio. Aragón todavía está a tiempo de no hacerlo. Pero solo si se deja de aplaudir el bloqueo como si fuera una virtud y se empieza a exigir lo único que da sentido a la política: gobernar.
Todo lo demás es ruido. Y el ruido no arregla nada.












