Enriquecerse con sangre nunca estuvo bien visto en España
Fraguas.- La sabiduría de un pueblos se mide según la capacidad de evitar la piedra que obstaculiza el sendero. Aquel que tropieza dos veces con la misma, queda definido.
En el relato de los trenes de Adamuz. La sociedad española se ha demostrado madura. Desde el gobierno, el ministro en concreto, ha querido dirigir el relato con cero éxito gracias a Dios.
Según él, los trenes habían pasado todas las revisiones, las vías estaban recientemente reparadas y con las más alta calidad y descartaba el fallo humano.
Esto solo dejaba una posibilidad, el sabotaje; aunque él lo vestía de tropo en la metáfora de rarísimo, extrañísimo. Era evidente que dejaba a los periodistas a la obligación de colegir, lo que sin duda les vendría tan bien como un calzador en un domingo con prisas.
Ahora, el empeño es el tren italiano. Cualquier cosa para que la atención no vaya al responsable, al ministro.
Aquí entra la sociedad civil, los tontos que estamos para pagar sus coches oficiales, sus sueldos suculentos y sus chalets de zona vip.
Y estamos para ver como uno de los trenes al menos, ha sido desguazado.
Este modus operandi es un viejo conocido desde el 11 M. Esto se me antoja Ilegal, de esencia de vandalismo institucional, sabotaje y finalmente delito, supuestamente, no vaya a ser que… Que se haga justicia depende de la madurez que hayamos heredado de la experiencia del Pozo del tío Raimundo y la furgoneta de la M30.
¿Destruir pruebas? Cualquiera pensaría que hay algo que esconder.
Ahora, cómo españolitos de mierda, así es como nos tienen, vivimos pegados a Internet, a la tele y a la radio. Escuchando la verdad. Y Verdad solo hay una.
Es como la carretera, de una sola dirección; pero con dos sentidos. La derecha y la izquierda tiran cada una de ella y tiran con tanta tensión que la deforman y después uno no sabe si elegir susto o muerte.
Ahora bien vamos a emplear la navaja de Ocklan. Vamos a poner las cosa tan sencillas que refutarlas va a necesitar el calzador del domingo antes de misa.
Al señor Puente se le presume de entrada, honradez; al menos tenemos claro que no es un asesino. Nadie ha de dar nada por hecho. Hablamos de Ocklan. Recuerda.
La tesitura más inocente, el supuesto más leve y sencillo. Imagina:
El accidente de los trenes en primera instancia es debido a condiciones del clima. Una fuerte ráfaga de aire ha empujado al tren y ha hecho que colisionara con otro que cruzaba en paralelo.
En este supuesto, no hay culpa por factor humano. No hay culpa por factor mecánico. Se descarta el sabotaje y cualquier intención de las instituciones.
Todo el mundo es inocente. Pero…
¡Oh casualidad! convertida en sonrisa amarga de la ironía. Ese accidente, desafortunado accidente, ha tenido lugar encima de un balasto de piedra que no cumple los valores de homologación requeridos. Los durmientes, las traviesas carecen de la ferralla interior que exige también la homologación; y además, en un metro de raíl, en la zona afectada existen 5 puntos de soldadura vertical ¡Con electrodo!
Mala suerte, señor ministro.
Porque ya no importa el sabotaje, ni el fallo humano, ni el mecánico; si esto se demuestra cierto.
Primero los seguros no van a querer pagar nada y nos costará a los de siempre, a los españolitos de mierda.
Y segundo es el camino para demostrar que, como mínimo, pudiera existir malversación de caudales por la compra de material inservible; y si esto repercute en algún beneficio personal, habrá prevaricación. Parecen los delitos de siempre; salvo que estos van en concurso con homicidio involuntario.
Y esto ya es muy gordo. Enriquecerse con sangre, nunca estuvo bien visto en España. Mal traje para un gobierno. Mal traje para todos aquellos que se posicionan, como siempre, aplaudiendo al poder porque son del mismo color.
Esta vez el color protagonista es el rojo. Por ideología y por sangrado.
Ave María Purísima.











