¿Puede dimitir un orangután?
Hughes (R).- Dimitir está en la boca de todo el mundo. Se considera a la vez un triunfo político del que lo pide y un acto de dignidad política y personal de quien lo hace.
El hombre es el animal que dimite. La etología ha estudiado muchas fronteras entre el hombre y el animal, pero ¿se ha preocupado de la dimisión? ¿Puede dimitir, por ejemplo, un orangután? La dimisión parece una frontera entre el ser humano y el primate. El humano dimite, el homínido no.
Porque dimitir implica juzgar la propia acción desde un punto de vista abstracto, imparcial, algo no observado o solo de forma muy rudimentaria en primates. Pueden reaccionar a injusticias, pero no aplicar principios normativos abstractos sobre sí mismos. No pueden realizar operaciones morales que impliquen justicia, bien común, razón práctica o prudencia.
Desde este punto de vista moral, que el orangután dimita es imposible.
Ahora bien, hay otra línea de pensamiento porque el orangután sí es capaz de retirarse o abandonar. Puede dejar de cooperar, evitar un conflicto o retirarse de un grupo e incluso rechazar una tarea.
Esta retirada puede producirse por la presión social, que el orangután percibe como hostilidad por amenazas posturales, invasión de su espacio, coaliciones, vocalizaciones o exclusión.
El orangután, ante este panorama, puede desistir. No actúa aquí la moral sino la supervivencia, la seguridad. Como explicó Biruté Galdikas, máxima autoridad en póngidos, el orangután es capaz de un análisis coste-beneficio; por ejemplo, evitar una lucha que no puede ganar o dejar una tarea si el coste energético es alto.
Así, el orangután, aunque sea incapaz de una reflexión moral de segundo orden (ni de orden alguno), podría registrar la presión del grupo y, tras un análisis coste-beneficio, considerar que ha de echarse a un lado.
El orangután tiene algunas facultades como la empatía básica, la autoconciencia y la planificación simple que, si bien no permiten el acto humano de dimitir, sí pueden ayudar al desistimiento o la evitación de un conflicto.
Por tanto, si entendemos la dimisión como un acto de valor simbólico y moral, entonces no, el orangután no puede dimitir; pero si despojamos al acto de dimitir de su sentido moral y lo entendemos como un acto estratégico de retirada, es decir, reducido al mínimo: abandonar una posición cuando los costes superan a los beneficios o cuando permanecer compromete su propia integridad, entonces sí encontramos conductas dimisorias en el orangután, que es capaz de actos de renuncia, abandono o alejamiento (también el chimpancé, dotado de lectura de la situación social y de una memoria de alianzas).
Es decir, y concluyendo: no solo dimite el hombre; es posible esperar algo parecido a la dimisión en el orangután. No es una locura pensarlo. No es esperar un imposible orangutanesco, al contrario de lo que sucede con el bonobo, el tití, el macaco y el babuino.
La Gaceta











