De la crispación del 11M y la Dana, a Adamuz
La tragedia ferroviaria sucedida en la localidad cordobesa de Adamuz está teniendo un seguimiento y atención muy destacados por la opinión pública y publicada. Siendo acompañada de un cualificado tratamiento informativo por parte de los principales medios escritos y audiovisuales.
Ahora, transcurridas tres intensas jornadas desde la noche de la trágica colisión entre los dos ferrocarriles de alta velocidad, se pueden extraer diversas conclusiones acerca de la reacción social y política producida, sin perjuicio de no conocer (todavía) con certeza la causa del descarrilamiento de los vagones que ocasionaron la tragedia.
En primer lugar, destaca la tan diferente reacción, tanto social como política, respecto a dos catástrofes ya inscritas en la historia de España y en la memoria colectiva de los españoles. Nos referimos a la Dana valenciana sucedida hace apenas 14 meses y 228 fallecidos, y a otra catástrofe, también ferroviaria aunque muy diferente, fruto de un muy planificado atentado terrorista que ocasionó casi 200 víctimas mortales y miles de heridos. Y acompañada de una crispación social y un vuelco político y electoral el jueves 11 de marzo de 2004: el 11-M.
Respecto del atentado en aquellos trenes, que produjo aquel día una tragedia humana y un histórico cambio político tres días después en las elecciones generales, es suficiente recordar que el PSOE movilizó a sus masas contra el gobierno del PP como si este hubiera sido el autor del atentado, acusándolo de mentir al grito de «necesitamos un Gobierno que no mienta». Es decir, un Gobierno como el actual, liderado por Pedro Sánchez, caracterizado por ser fiel a su palabra y decir siempre la verdad a los españoles, como es sabido.
Respecto de la Dana, destaca la diferente respuesta de lo sucedido ayer en Adamuz con los Reyes, con lo acaecido en Paiporta acompañados por Sánchez, cuando fueron a acompañar en su dolor a las víctimas de la tragedia. Con un Sánchez que, tras regresar de Turquía, dijo a los valencianos que «si necesitan ayuda, que la pidan», y aquella crispada respuesta social que incluso dura todavía, pese a la dimisión del presidente valenciano. Por el contrario, el clima social alrededor de la tragedia actual es claramente diferente y esperanzador. Sucesos humanos tan crueles como, entre otros, el de la niña de 6 años –que ha perdido a sus padres y a su hermano y un primo– vienen acompañados de numerosos testimonios de grandeza humana, de amor al prójimo y de solidaridad.
Incluso el ministro responsable, Óscar Puente, con vocación de tuitero «influencer», parece moderado en las formas, lo que confiemos carezca de relación ninguna con la causa del siniestro. Que esperamos no se retrase como la del «apagón».











