Tu estrés y tu burnout de hoy empezaron con las heridas de tu infancia
Hay adultos que, ante las críticas, sienten que algo por dentro se les rompe… Otros no saben decir “no”, trabajan horas extra sin que nadie se lo pida o se exigen un nivel de perfección imposible. Muchos viven con un miedo sutil —pero constante— a fallar. O a ser rechazados. Desde fuera, parece estrés laboral. Desde dentro, es algo mucho más antiguo.
“El burnout rara vez empieza en el trabajo”, afirma el médico psiquiatra y psicoterapeuta Carlos Cenalmor, autor del libro El Síndrome de Burnout, especialista en estrés crónico. “Empieza en la infancia. En cómo aprendimos a sobrevivir emocionalmente cuando éramos pequeños.”
La huella que no desaparece
Durante años se ha explicado el burnout como un exceso de trabajo, de pantallas o de exigencia empresarial. Pero la experiencia clínica cuenta otra historia: muchas personas que se queman de adultos fueron niños que vivieron con incomprensión, con vergüenza o con una presión excesiva.
Hablamos de falta de resonancia emocional, de familias donde el cariño dependía del rendimiento, hogares imprevisibles donde el niño tenía que adivinar cada día “qué versión” de sus padres iba a encontrarse… o incluso experiencias como el bullying o las humillaciones. Y en los casos más graves, abusos o experiencias de abandono emocional.
“Cuando de niño aprendes que tienes que esforzarte más que los demás para estar a salvo, ese patrón se queda grabado”, explica Cenalmor. “Y de adulto lo reproduces: trabajas el doble, te responsabilizas de todo, aguantas lo que no deberías. Tu cuerpo no protesta… hasta que un día no puede más.”
Dada la profundidad de este tema y el desconocimiento general que existe, el Dr. Cenalmor ha creado una comunidad gratuita por email. Un espacio sin ruido, donde cada día recibes un mensaje breve para entenderte mejor y reconocer patrones que llevas arrastrando desde hace años. Tres minutos al día que te pueden ayudar a mirar tu historia con más claridad.
La oficina activa heridas que creías superadas
En realidad, no es la oficina la que las despierta: es la dinámica. Un jefe imprevisible hace resonar el miedo antiguo a decepcionar. Una evaluación negativa revive aquella sensación de no valer. Una carga de trabajo excesiva reactiva esa culpa infantil de “si descanso, dejo de ser suficiente”.
“Lo que de niño era una estrategia de supervivencia —complacer, callar, esforzarte sin límite, no molestar— ahora se convierte en el camino directo al burnout”, dice el psiquiatra.
Por eso, muchos de los pacientes que llegan a su consulta no solo están agotados. Están desorientados porque saben que repiten siempre los mismos errores, pero no pueden salir de ellos. Están reviviendo patrones de hace décadas.
El cuerpo termina diciendo basta
El burnout no aparece de golpe. Se acumula:
→ problemas de concentración,
→ irritabilidad,
→ agotamiento y apatía,
→ fallos de memoria,
→ insomnio,
→ tensión muscular crónica,
→ una sensación de estar “apagado” por dentro y no poder disfrutar ni del trabajo, ni de la vida personal.
Cuando la mente se desconecta, el cuerpo enciende todas las alarmas. “No se rinde, se protege”, resume Cenalmor.
Salir del patrón sin culparse
No se trata de mirar atrás para culpar a nadie, sino para entender por qué te exiges tanto hoy. “La solución no es ser más fuerte. Es ser más consciente”, dice. “Lo que no cicatriza te acompaña, pero también se puede trabajar. Y cuando empiezas a escuchar tus emociones, tu cuerpo y tus límites, la vida cambia.”
Si algo de esto te ha tocado por dentro
Empieza por darte un espacio diario para entenderte mejor. Tres minutos al día pueden ser suficientes para empezar a ver lo que antes pasaba desapercibido: tu propio límite, tu propio ritmo, tu propia historia.
El Dr. Cenalmor ofrece ese espacio en su email gratuito antiestrés, donde cada día comparte una historia, una reflexión o un aprendizaje real que ayuda a ver el burnout desde dentro, sin culpa y con más claridad.
“Entenderte es el primer paso para dejar de repetir patrones que te agotaron durante años”, explica.












