Arbeloa solo es un pelele obediente de Florentino Pérez
Bertín Castañón.- Álvaro Arbeloa ya no es una figura del Real Madrid: es una marioneta, un muñeco de ventrílocuo al que Florentino Pérez mueve la boca desde el palco. No piensa, no analiza, no duda. Ejecuta. Su papel dentro del ecosistema madridista es el del soldado dócil, el del exjugador que ha decidido cambiar cualquier atisbo de dignidad intelectual por un sitio calentito en la estructura del poder.
Arbeloa se ha especializado en una tarea miserable: blanquear al presidente y señalar enemigos. Todo lo que huela a crítica le molesta, todo lo que no se alinee con el relato oficial le parece intolerable. Periodistas, entrenadores, futbolistas, aficionados… cualquiera que no aplauda como una foca es automáticamente “antimadridista”.
El problema es que Arbeloa no defiende al Madrid; defiende a Florentino como si fuera una secta.
Lo más repugnante es su pose moral. Se envuelve en palabras como valores, respeto o sacrificio mientras ejerce de perro guardián del régimen, justificando decisiones que insultan al fútbol y al sentido común. Habla de formación mientras enseña sumisión. Habla de carácter mientras demuestra miedo a salirse del carril. Habla de identidad mientras se diluye en la propaganda del poder.
Arbeloa no es un líder ni un referente: es un peón. Uno prescindible, además. Su discurso es plano, previsible, vacío. Dice exactamente lo que se espera que diga, en el momento en que conviene decirlo. No molesta, no incomoda, no arriesga. Y eso, en alguien que presume de carácter, es una contradicción patética.
El Real Madrid ha tenido futbolistas con personalidad, entrenadores con voz propia y símbolos que no necesitaban permiso para opinar. Arbeloa ha elegido otro camino: el del pelele obediente, el del cargo por lealtad y no por mérito, el del aplauso automático al poder. Y en ese camino ha perdido lo único que no se recupera: credibilidad.
Un ‘técnico’ muy del gusto de Florentino
Arbeloa es un ‘técnico’ muy del gusto de Florentino Pérez por permitir a los cracks jugar a sus anchas, llevar una buena gestión del vestuario y dejarse de grandes inventos tácticos que, en su opinión, solo enredan las cosas.
Florentino Pérez no quería a Xabi Alonso desde verano. Su mano derecha, José Ángel Sánchez, fue quien lo convenció para que lo fichara y le diera confianza desde el Mundial de Clubes. La realidad es que nunca le entró por el ojo. Un técnico demasiado tecnócrata, con ideas tácticas muy marcadas, que estaban por encima de los jugadores.
Rafa Benítez o Julen Lopetegui, entrenadores españoles que también quisieron ser intervencionistas, se la pegaron con Florentino Pérez. En cambio, los que no se meten en charcos en el vestuario, como Zinedine Zidane o Carlo Ancelotti, han encajado con las ideas del presidente, quien cuida a sus estrellas con el máximo mimo.
Conflictos continuos
Xabi Alonso tuvo una relación fría con Bellingham a raíz de que no jugara en Almaty y, sobre todo, vivió un capítulo muy desagradable cuando Vinicius fue sustituido en el clásico. A Florentino Pérez no le gustó el cambio y el técnico tuvo que tragar con el ego del brasileño.
También se airearon las discrepancias con Federico Valverde, quien no quería jugar como lateral derecho, y con Rodrygo, a quien le costó mucho hacerse un hueco en el equipo titular.
Demasiados frentes para un vestuario que era una balsa de aceite con Carlo Ancelotti. El italiano podía ser peor o mejor entrenador, pero no se complicaba la vida. Jugaban los que tocaban, los que quería el presidente y tuvo una larga vida exitosa en el Real Madrid. El perfil que tambíen encajó durante la época de Zinedine Zidane.
No quemar a Arbeloa antes de tiempo
La decisión estaba tomada desde hace tiempo. Solo era cuestión de encontrar el momento adecuado. El derbi frente al Atlético de Madrid hizo mucho daño. No hay cosa que le cause más dolor a Florentino Pérez que perder ante el rival de la ciudad. La manita escoció mucho en el despacho del presidente madridista.
A partir de entonces solo era cuestión de días. Tras perder frente al Manchester City parecía el momento idóneo, pero no se quería quemar la figura de Arbeloa en el tramo final del año.
Xabi Alonso se iba salvando de casualidad con victorias apuradas frente al Alavés o el Sevilla. La goleada frente al Betis se maquilló gracias a Gonzalo, pero Arbeloa estaba calentando para salir en cualquier momento. Florentino Pérez lo tenía claro. Los sufrimientos ante el Talavera en la Copa del Rey no hicieron más que avivar el fuego.
Con la derrota ante el FC Barcelona en la final de la Supercopa de España mostrando una imagen ridícula ultradefensiva fue la gota que colmó el vaso. Ahora da igual que este Madrid del pelele Arbeloa pueda ganar alguna de las dos competiciones en las que aún sobrevive. Sólo un optimista antropológico podría albergar alguna esperanza al respecto. Arbeloa ya sabe cuál es el camino a seguir. Con tal de que el fracaso deportivo no sea muy aparente, como mínimo, tendrá a los cracks contentos y a Florentino Pérez tranquilo.












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