El pancatalanismo valenciano y la explotación del dolor tras la DANA
La DANA que asoló la Comunitat Valenciana dejó muertos, familias destrozadas y una herida social aún abierta. Ante una tragedia de esta magnitud cabía esperar respeto, rigor y responsabilidad. Sin embargo, lo que algunos sectores del pancatalanismo valenciano han hecho con el dolor ajeno roza lo indecente: convertir una catástrofe humana en combustible ideológico.
Desde los primeros días posteriores al desastre, estos grupos no tardaron en apropiarse del relato. Antes incluso de que se cerraran duelos o se evaluaran daños, ya estaban construyendo un marco político prefabricado en el que la DANA servía como excusa para atacar al Estado, reforzar agravios identitarios y reactivar su agenda nacionalista. El sufrimiento real de las víctimas quedó relegado a un segundo plano, reducido a argumento retórico.
La estrategia es conocida y burda: simplificar una tragedia compleja hasta hacerla encajar en un relato maniqueo. No hay análisis técnico, no hay reflexión sobre décadas de mala planificación urbanística, ni sobre la responsabilidad compartida entre administraciones autonómicas y locales. Todo se reduce a consignas emocionales, pancartas y discursos inflamados donde la indignación sustituye al rigor.
Lo más grave es el uso explícito de las víctimas como símbolo político. Sus nombres, sus historias y su dolor son exhibidos selectivamente, amplificados cuando convienen al mensaje y olvidados cuando estorban. Se instrumentaliza a las familias más visibles, más enfadadas o más alineadas ideológicamente, mientras se ignora a quienes rechazan que su duelo sea utilizado como arma política. No se defiende a las víctimas: se las usa.
Este comportamiento no solo es moralmente reprobable, sino profundamente irresponsable. Al convertir la DANA en un episodio más de la batalla identitaria, se bloquea cualquier posibilidad de consenso real para prevenir futuras tragedias. Se envenena el debate público, se polariza a la sociedad valenciana y se sustituye la búsqueda de soluciones por la agitación permanente.
El pancatalanismo valenciano no está interesado en mejorar sistemas de alerta, en revisar infraestructuras hidráulicas o en coordinar mejor a las administraciones. Está interesado en el rédito político inmediato. En capitalizar el dolor. En hacer de una tragedia una prueba más de su relato victimista, aunque eso implique pisotear la memoria de los fallecidos.
El dolor no pertenece a ninguna ideología. No es una bandera, ni un eslogan, ni una herramienta de confrontación. Utilizarlo de este modo no honra a las víctimas: las traiciona. Y una sociedad que tolera que el sufrimiento humano se convierta en munición política está condenada a repetir los mismos errores, una y otra vez.











