¿Dónde están las feministas españolas mientras las mujeres iraníes sufren y mueren por defender la libertad y la igualdad de género?
AD.- Las mujeres iraníes llevan años —décadas— pagando con su libertad, su integridad física y, en demasiados casos, con su vida, el simple hecho de querer existir como ciudadanas plenas. Golpeadas por no cubrirse “correctamente” el pelo, encarceladas por cantar, violadas en prisión, ejecutadas tras juicios farsa. Todo ello bajo un régimen teocrático que hace del control del cuerpo femenino uno de sus pilares ideológicos.
Y, sin embargo, desde España, el silencio resulta ensordecedor.
¿Dónde están las feministas españolas cuando una mujer es asesinada por la policía moral iraní por mostrar un mechón de cabello? ¿Dónde están las manifestaciones masivas, los comunicados urgentes, los lemas repetidos hasta la saciedad, las campañas institucionales, los minutos de silencio, los hashtags virales? ¿Dónde están las flotillas solidarias con Palestina? ¿Dónde están Ada Colau y ‘Barbie Gaza’?
La respuesta es incómoda, pero evidente: no están.
No porque no sepan lo que ocurre. La información es pública, las imágenes estremecedoras, los testimonios imposibles de ignorar. No están porque la causa de las mujeres iraníes no encaja bien en ciertos marcos ideológicos que hoy dominan buena parte del feminismo oficial en España. Denunciar a un régimen islamista supone señalar una violencia que no proviene del “heteropatriarcado occidental”, sino de una dictadura religiosa no blanca, no europea, no cómoda de criticar sin romper dogmas. Así, se opta por mirar a otro lado.
Mientras se organizan marchas multitudinarias por debates semánticos o disputas internas en países democráticos, las mujeres iraníes se juegan la vida por quitarse un velo. Mientras aquí se habla de “opresiones percibidas”, allí la opresión es literal, brutal, tangible. Y aun así, muchas feministas españolas prefieren el silencio antes que incomodar su propio relato.
No es un silencio inocente. Es un silencio político.
Porque si el feminismo fuera realmente universal, no selectivo, no condicionado por alianzas ideológicas, Irán sería una prioridad absoluta. Porque si la lucha fuera contra la violencia hacia las mujeres, ninguna causa debería ser más urgente que la de quienes son asesinadas por el Estado por el simple hecho de ser mujeres libres.
Las iraníes no piden salvadoras. Piden coherencia. Piden que quienes se autoproclaman defensoras de los derechos de las mujeres no miren hacia otro lado cuando el verdugo no encaja en el esquema cómodo del enemigo habitual.
Callar ante Irán no es neutralidad cultural. Es abandono. Y cada día que pasa sin una condena clara, sin presión internacional sostenida, sin una solidaridad real y visible, ese silencio se convierte en complicidad moral.
Las mujeres iraníes están gritando ante el indiferentismo de las feministas españolas, aliadas siempre de la tiranía islamista. Lo que habría que preguntarse es por qué les importa tanto las supuestas víctimas palestinas en Gaza y absolutamente nada las que sufren y mueren en Irán por defender la igualdad de género, los derechos humanos y la libertad.












En las saunas de Sanchez
Aigunas por los diferentes despachos del gobiernos a ver si algun politico las manosea y las otras en busca de carne fresca de los invasores pateristas para llevarselos a sus casas
Si en unos dias no dicen nada esque han quedado satisfechas y repiten
Si en unos dias lo denuncian es que ha sido usadas y olvidadas
En la pelukería. Obviamente.