El siniestro papel de Zapatero con los presos políticos en Venezuela (Video comentario de Joaquín Abad)
Lo de Barajas fue una escena indecente: cinco personas que han pasado por la trituradora chavista aterrizan en España y, en lugar de recibirles con luz, con médicos, con abogados y con la prensa haciendo preguntas legítimas, el gobierno de Pedro Sánchez organiza una llegada a oscuras. No para protegerlos, sino para proteger a los que negocian con su silencio.
La dictadura suelta a cuentagotas, Madrid baja la persiana, y Zapatero se pasea entre bambalinas como si fuera un salvador cuando, para demasiadas familias, ha sido el hombre que pedía callar.
Porque el verdadero escándalo no es que el chavismo sea chavismo. Eso ya lo sabemos. El escándalo es que aquí se colabore con su método. Cinco nombres: Rocío San Miguel, Andrés Martínez Adasme, José María Basoa, Miguel Moreno Dapena y Ernesto Gorbe Cardona.
Cinco historias que deberían haber terminado con una frase simple delante del país: “Esto es lo que hacen”. Y, sin embargo, el gobierno sanchista organizó lo contrario: que no se viera, que no se oyera, que no se contara.
Si la libertad llega con una salida discreta y sin micrófonos, no es libertad: es control del relato, con la complicidad de un gobierno amigo del narco estado venezolano, con un expresidente de gobierno que tenía pasaporte diplomático para facilitar el blanqueamiento del régimen chavista en Europa.











