4.700 millones a cambio del voto de ERC
Francisco Marhuenda.- Hace muchos años aprendí, desgraciadamente, que casi todas las cosas en la vida tienen un precio. No siempre es dinero, pero es lo más habitual. Las voluntades se compran y se venden. En ocasiones pueden ser otro tipo de prestaciones como cargos, honores o competencias, todo depende de las predisposiciones de unos para pagar y otros para cobrar. Es cierto que desde la Transición no habíamos visto algo igual.
Esta legislatura comenzó con un líder que perdió las elecciones, pero que tenía la firme voluntad de continuar en el cargo a cualquier precio. No importaba ni la derrota ni que el resultado electoral hubiera establecido una mayoría de centro derecha que hacía imposible que se aplicaran las medidas ideológicas más controvertidas del programa del gobierno de coalición de izquierda radical que formó Sánchez.
En el PSOE y en Sumar primaba, como se demostró, la continuidad de los ministros, altos cargos, directivos de empresas públicas y asesores. En este caso fue solo una mayoría para la investidura, pero era algo irrelevante si se mantenía la premisa de la continuidad.
Sánchez se reunió este jueves con Junqueras que ha pasado de ser un paria político para el PSOE a un aliado respetable. Tras el relato consagrado en la abominable amnistía y el blanqueamiento de Bildu, cualquier voto es asumible para el sanchismo y sus poderosos aliados mediáticos.
No hay más que acudir a la hemeroteca para constatar las profundas contradicciones de Sánchez, pero hemos asumido, también, que un día se puede decir una cosa y al siguiente la contraria. Una de las cuestiones que debería concitar acuerdos entre en el PSOE y el PP es el desarrollo del Estado de las Autonomías y, consiguientemente, las reformas estatutarias y los modelos de financiación.
Es un grave error comprar el voto de ERC pactando un nuevo sistema para Cataluña al margen de Feijóo y del resto de comunidades autónomas del régimen común. La operación significará unos 4.700 millones adicionales que serán gestionados por el gobierno socialista catalán. Con ello, Sánchez consigue el apoyo de ERC y, además, favorece a Illa que dispondrá de mayores recursos.
Hay que reconocer que es una buena jugada para sus intereses, aunque tiene el grave problema de que Junts no apoya el acuerdo.










