“Muerte a Jameneí”: miles de iraníes estallan en las calles contra los ayatolas en medio de un gran apagón digital
Irán vivió este jueves uno de los apagones digitales más duros de los últimos años. Las autoridades restringieron casi por completo el acceso a las webs en medio de protestas masivas que sacuden al país desde hace casi dos semanas. La interrupción afectó a millones de personas y dejó al país prácticamente incomunicado con el exterior, en lo que observadores y organizaciones de derechos humanos califican como un intento deliberado de sofocar la movilización social.
Según la plataforma NetBlocks, especializada en monitorear censura y tráfico digital, las métricas mostraron un colapso abrupto y generalizado de la conectividad en todo el territorio iraní. El organismo advirtió que el apagón se produjo tras una serie de restricciones progresivas al acceso digital, lo que ha dificultado gravemente la comunicación de los ciudadanos en un momento crítico de agitación política y social.
Periodistas de EFE constataron que desde primeras horas de la tarde ya no era posible acceder a páginas web fuera de Irán, mientras que las redes privadas virtuales (VPN), utilizadas habitualmente para evadir la censura y acceder a plataformas como WhatsApp o Telegram, dejaron de funcionar. Estas aplicaciones son clave para la organización de protestas y la difusión de información dentro del país.
El apagón coincidió con el duodécimo día consecutivo de protestas, iniciadas originalmente por el deterioro económico pero que rápidamente adquirieron un tono político. Las manifestaciones comenzaron el 28 de diciembre en Teherán y se han extendido a al menos 111 ciudades, según organizaciones locales, reflejando un descontento generalizado que atraviesa distintos sectores sociales. La agencia estadounidense Human Rights Activists News Agency (HRANA) ha informado de al menos 34 manifestantes y cuatro miembros de las fuerzas de seguridad muertos, así como de 2.200 detenidos durante los disturbios, que, según los analistas, han puesto de relieve un desencanto más profundo con el statu quo chií. Por su parte, la ONG Iran Human Rights (IHRNGO), con sede en Oslo, eleva la cifra manifestantes muertos a 45, incluidos ocho niños, en los primeros 12 días desde el inicio de esta ronda de protestas.
En la capital iraní, especialmente en el norte de Teherán, las calles presentaban un aspecto inusualmente desierto, con comercios y cafés cerrados, mientras se desplegaban grandes contingentes de policía motorizada y unidades antidisturbios. Esta imagen contrastó con la intensidad de las protestas nocturnas, que adoptaron nuevas formas ante la fuerte presencia de las fuerzas de seguridad.
Con el espacio público prácticamente controlado, las protestas se trasladaron a los hogares, desde donde miles de personas gritaron consignas desde balcones y ventanas. Entre los cánticos más repetidos se escucharon “Muerte a Jameneí”, “Muerte a la República Islámica” y “Esta es la última batalla, Pahlaví volverá”, consignas que reflejan un rechazo directo al sistema político vigente.
Testigos entrevistados por medios internacionales como The New York Times relataron que las manifestaciones crecieron en tamaño y diversidad, reuniendo a hombres y mujeres de distintas edades en barrios de Teherán y en ciudades como Mashhad, Shiraz, Isfahan y Bushehr. Muchos pidieron anonimato por temor a represalias, un temor que se ha intensificado tras las advertencias del poder judicial y los servicios de seguridad.
Videos verificados por medios internacionales mostraron edificios gubernamentales incendiados y enfrentamientos en distintos puntos del país. Aunque las protestas comenzaron de forma mayoritariamente pacífica, en varias zonas derivaron en episodios de violencia, con quema de vehículos, barricadas improvisadas y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, que respondieron con gases lacrimógenos y disparos al aire.
El corte de internet se produjo un día después de que altos funcionarios iraníes prometieran una respuesta “dura y sin piedad” contra los manifestantes. Analistas señalan que el apagón busca aislar a los protestantes, impedir la coordinación entre ciudades y limitar la salida de información hacia el exterior, una estrategia utilizada previamente por Teherán en momentos de crisis.
Expertos en derechos humanos afirman que el cierre del internet se ha convertido en una herramienta sistemática de represión. Omid Memarian, especialista iraní en derechos humanos, señaló que cada vez que las protestas alcanzan un punto crítico, el Gobierno corta el acceso digital para controlar la narrativa y debilitar el movimiento social.
Las protestas se producen en un contexto de profunda crisis económica, marcada por una inflación anual superior al 42 %, una depreciación histórica del rial y el impacto de severas sanciones internacionales impuestas por Estados Unidos y la ONU debido al programa nuclear iraní. Comerciantes y dueños de negocios han cerrado bazares clave en varias ciudades, lo que podría paralizar sectores estratégicos de la economía.
El saldo humano de la represión es cada vez más grave. Organizaciones de derechos humanos reportan decenas de muertos y cientos de heridos, entre ellos niños. La ONG Iran Human Rights, con sede en Oslo, informó que al menos 45 personas han muerto desde el inicio de las protestas, mientras que otras organizaciones elevan la cifra por encima de 40 víctimas mortales.
A pesar de la represión, activistas y figuras opositoras insisten en que la demanda de un cambio político no puede ser silenciada. Desde prisión, la premio Nobel de la Paz Narges Mohammadi y otros disidentes han reiterado que el movimiento por la democracia continúa, mientras que líderes opositores en el exilio han llamado a mantener la presión en las calles.











