País en modo ‘a ver qué pasa’
Alejandra G.P.- Pocos años en la historia reciente han acumulado tantos tropiezos políticos en tan poco tiempo. Lo que comenzó con crisis puntuales según el Gobierno actual, termina el año convertido en un catálogo completo de errores, tensiones y decisiones que han marcado profundamente el país.
En resumen, “fallamos como sistema”. Instituciones debilitadas: las tensiones entre el Gobierno, Oposición, Judicatura, Fiscalías y Comunidades autónomas crean la sensación de que cada poder compite por imponerse en vez de cooperar.
Una ciudadanía cada vez más desconfiada y una agenda pública marcada más por la improvisación que por la estrategia e insultos constantes entre todos los partidos políticos siendo socios, asociados, oposición y demás circo mediático que lo distorsiona todo. Y como si de una maldición se tratara, apechugamos y seguimos normalizando y blanqueando a acosadores disfrazando comportamientos abusivos de “errores”, “malentendidos” o un simple “carácter fuerte”. Esto es el resultado de estructuras sociales que siguen premiando la impunidad, justificando la violencia simbólica y culpando a quienes se atreven a denunciar.
Los debates son escándalos, no hay soluciones para vivienda, precariedad, energía o educación, solo escuchamos filtraciones, acusaciones cruzadas, campañas mediáticas, denuncias y contradenuncias, fontaneras, prostitutas, viajes, joyas, comidas, pisos, obras y no de arte, porteros de putis con vocación de economistas, tarjetas del Corte Inglés , tocapiernas, babosos, acosadores y Víctor de Aldama que es un híbrido de todo esto supuestamente. Muy desagradable todo. Eso si, para ser socialista tienes que ser feminista. Aún así, debemos hacernos una pregunta, ¿la oposición está libre de polvo y paja o por el contrario causa inseguridad con sus preferencias en sus filas?
Estamos aborregados, con actitudes pasivas, conformistas y poco críticas frente a esta desastrosa realidad. La mayoría ha optado por la obediencia ciega a la mayoría dominante y evitamos cuestionar o desafiar el percal establecido. Ya no hay pensamiento autónomo, preferimos seguir el camino marcado por comodidad, miedo o inercia.
Navidades cercanas, esas fechas tan entrañables en las que las familias se reunían y aprovechaban a conversar del trabajo, de los hijos, de los estudios, de cómo iba el país, del futuro, de los anhelos de algunos, de las preocupaciones de otros. Todo esto se ha terminado, las discusiones en la mesa se han impuesto como si del mismo Congreso se tratara y nada de hablar de razas, sexo, religión, sanidad, educación, política, etc, porque te cuesta hasta el divorcio.
Animo desde estas líneas a despertar! No tiremos por la borda el trabajo que nos han dejado nuestros mayores con tanto esfuerzo y no hipotequemos el futuro de nuestros hijos. Somos España, recordadlo siempre.
Termino con una frase de Benjamin Disraeli, político, escritor y aristócrata, que ejerció como primer ministro del Reino Unido, y tres veces como ministro de Hacienda que dice: “Cuando un pueblo deja de exigir, empieza a obedecer”.
Pese a todo, Feliz Navidad.











